Pequeñas bolitas de masa dulce

—¿A dónde fue mamá? —preguntó Sara. La niña miró a su alrededor mientras pasaba junto a los stands de la feria junto con Elí.

—Se detuvo en una mesa ahí atrás —contestó Elí—. Dijo que podíamos seguir avanzando y que ella nos alcanzaría.

Los dos niños siguieron paseando entre los puestos de la feria.

—¡Mmm! ¿Hueles lo mismo que yo? —preguntó Elí después que los niños caminaran una distancia corta.

—Huele como una panadería —respondió Sara—. ¡Y Ahí está!

Los hermanos caminaron hacia en stand donde se exhibía una variedad de comidas horneadas que se veían deliciosas.

—Mira esas rosquillas, Sara —indicó Elí—. Y todas esas bolitas de masa dulce. ¡Quisiera comer una!

—Pero ya nos gastamos todo nuestro dinero, ¿recuerdas? —le recordó Sara a su hermano.

—Sí, pero la vendedora está ocupada por allá —susurró Elí—. Podríamos tomar lo que queramos. No les hará falta una o dos bolitas de masa.

—¡Elí! ¡No te atrevas a agarrar nada! —advirtió Sara—. Eso sería robar.

—Pero nadie se va a enterar —insistió Elí—. Estoy seguro de que no contaron cada una de las bolitas. Ni siquiera se darán cuenta.

—Tal vez no —respondió Sara—, pero de todos modos sería hacerles daño a los dueños de la panadería que están tratando de ganarse la vida vendiendo sus alimentos horneados. ¿No recuerdas lo que dijo el pastor Óscar en su sermón de la semana pasada? Dijo que robar va en contra de nuestro llamado, porque Dios nos manda a los cristianos a amar a otros. Jesús nos amó tanto que dio su vida por nosotros y debemos demostrar ese mismo amor a otros. Robar es un acto de egoísmo, no de amor. Y no importa cuán grande o pequeño sea lo que robemos.

—Oh, entonces sí escuchaste lo que dijeron en la iglesia la semana pasada —dijo Elías con una sonrisa traviesa—. Cuando vi esas bolitas de masa, pensé que sería una buena manera de probarte.

Sara miró a su hermano.

—¡Elí! ¡Nunca tuviste la intención de robar nada! Solo me estabas molestando, ¿verdad? Hubiera sido una buena lección para ti si te hubiera hecho caso y tomado un par de masitas. ¿Qué habrías hecho?

Elí rio.

—No te hubiera permitido. Pero vayamos a buscar a mamá. Tal vez ella nos dará un poco más de dinero para comprar una o dos masitas dulces.

BRENDA DECKER

NO ROBES

VERSÍCULO CLAVE: JUAN 13:34

UN MANDAMIENTO NUEVO LES DOY: “QUE SE AMEN LOS UNOS A LOS OTROS”; QUE COMO YO LOS HE AMADO, ASÍ TAMBIÉN SE AMEN LOS UNOS A LOS OTROS.

¿Sientes la tentación de robar cosas chiquitas porque crees que nadie se va a enterar? ¿O porque parecen tan pequeñas que no le importan a nadie? Pero a Dios sí le importan, porque las personas le importan, ¡tú y todos los demás! ¡Jesús nos amó tanto que sacrificó Su vida para salvarnos! Tomar las cosas que pertenecen a otros porque las deseas va en contra de la vida que Él te ha llamado a tener como cristiano. En lugar de eso, pon en práctica el tipo de amor que Jesús tiene para nosotros, tanto en lo pequeño como en lo grande.

Clave de Hoy
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