Palabras guardadas

Rubí salió al patio trasero, donde su abuela podaba un rosal.  “Hola, hijita”, saludó la anciana.  Al ver la cara triste de su nieta, preguntó: “¿Tienes algún problema?”

Rubí se sentó en el pasto.  “¡Es Catalina!  Creí que era mi mejor amiga, ¡pero ahora ya casi no me habla!”

“¿De veras?”, preguntó la abuela.  “¿Por qué?”

“Bueno… Aurora dijo que la chaqueta de Catalina era fea y yo le dije que a mí también me parecía fea.  ¡Pero solo estábamos bromeando!”  Rubí suspiró.  “Todos nos hacemos bromas entre nosotros.  A mí me dicen que como raro los helados, y a Aurora la molestamos por su risa, ¡porque suena como un burro!  Y Catalina a veces se viste con ropa chistosa.  ¡No sé por qué se molestó tanto esta vez!”

“Ya veo”.  Su abuela dudó, pero luego tomó una rosa y se la entregó a la niña.  “Veamos cuánto tiempo te toma el sacar todos los pétalos de esta flor, uno por uno”.  La anciana miró su reloj.  “¿Lista?  ¡Ahora!”

Rubí miró a su abuela con curiosidad, pero empezó a sacar los pétalos lo más rápido que pudo.

“¡Muy bien!  No te tomó mucho tiempo”, comentó la anciana.  “Ahora veamos cuánto te tardas en volver a pegar todos los pétalos al tallo.  ¿Estás lista?”

“¡Abu!”, exclamó Rubí.  “Sabes perfectamente que eso es imposible”.

“Así es”, afirmó su abuela.  “A veces también es imposible deshacer el daño causado por las palabras.  Recuerda esta rosa cuando sientas la tentación de ser imprudente con tus palabras”.

Rubí frunció el ceño.  “¡Pero no era mi intención hacer que Catalina se sintiera mal!”

“No, pero lo hiciste, ¿verdad?”  La anciana rodeó a su nieta con el brazo.  “A veces herimos a otras personas sin intención.  A pesar de que no era tu propósito hacer daño con tus comentarios, Catalina se sintió herida por ellos.  Entonces, ¿qué crees que deberías hacer?”

“Pedirle perdón, supongo”, expresó Rubí.  “Pero no estoy segura de que Catalina me escuche”.

“Tal vez no quiera escucharte, pero puedes hacer el intento”, señaló la abuela.  “Después de esto, considera cuidadosamente tus palabras antes de decirlas.  Piensa en la otra persona y analiza si lo que vas a decir podría herirle.  Todos cometemos errores y decimos cosas equivocadas a veces, pero Jesús nos perdonará y nos ayudará a decir palabras edificantes a las demás personas”.  La anciana acarició el hombro de su nieta.  “Esperemos que tu amiga también te perdone”.

Rubí asintió.  “Llamaré a Catalina y le pediré perdón”.  —BETHANY R. ELMS

GUARDA TU LENGUA

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 141:3

SEÑOR, PON GUARDA A MI BOCA; VIGILA LA PUERTA DE MIS LABIOS.

¿Piensas antes de hablar?  Las palabras dichas imprudentemente pueden herir a otras personas, incluso si no era tu intención.  A veces está bien hacer bromas de lo que alguien dice o hace, pero antes de nada, piensa en si esa persona podría ofenderse si te burlas.  La Biblia dice que la lengua es como un fuego que puede salirse de control rápidamente.  Guárdala con cuidado y, si dices algo hiriente, pide perdón.

Clave de Hoy
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