Pacificadores

“Yo sé, pero eso fue lo que dijo Bianca”.  Caterina cambió el teléfono a su otra oreja.  “Ella me dijo que estaba harta de oír que te quejes todo el tiempo.  No es culpa mía si ella dice cosas feas sobre ti”.

Después de hablar un rato más, Caterina cerró el teléfono y fue a la sala.  “¿Con quién hablabas?”, preguntó su padre.  “¡Parecía que estaban tratando de detener la Tercera Guerra Mundial!”

Caterina suspiró.  “Era Emilia.  Ella y Bianca son mis mejores amigas, ¡pero se odian entre sí!  Y yo siempre me quedo atrapada en la mitad de sus discusiones”.

“¿Por qué no se caen bien?”, preguntó el papá.

“No sé”, contestó Caterina, “pero siempre están diciendo cosas feas la una de la otra.

“Mmm”, reflexionó su padre.  “Bueno, no sé cuál sea su problema, pero cuando oyes a alguna de ellas decir algo cruel sobre la otra, ¿has tratado de guardártelo y no compartir esa información?  ¿No acabas de contarle a Emilia que Bianca te dijo que estaba harta de sus quejas?”

Caterina se ruborizó.  “Oh, o sea, tal vez”, tartamudeó.  “Pero eso fue lo que dijo Bianca”.

“Sí, pero estás contribuyendo al problema, Caterina”, indicó el papá.  “Jesús nos manda que seamos pacificadores.  Para lograrlo, debemos actuar bondadosa y amorosamente cuando los demás no son amables entre sí.  A pesar de que Jesús quiere que digamos la verdad, la forma en que lo haces no es muy bondadosa ni amorosa con ninguna de tus dos amigas.  Cuando le cuentas a una de las chicas las cosas malas que dijo la otra sobre ella, estás haciendo que se sienta mal consigo misma y enojada con la otra persona.  En lugar de repetir lo negativo que dicen la una de la otra, mira si puedes resaltar cualquier cosa buena que digan.  Si comienzan a oír cosas positivas que dicen la una de la otra, a lo mejor podrían llevarse mejor”.

“¿Te refieres a que ponga atención a los elogios en lugar de fijarme en las críticas?”  Caterina se quedó pensando un rato.  “Bueno, está bien.  Probablemente no haya muchos, pero supongo que vale la pena intentar”.

“Por lo menos, puedes dejar de propagar los sentimientos negativos en el ambiente”, afirmó el padre.  “Y cuando vean la bondad y el amor de Dios en lo que eliges contarles sobre lo que dijo la otra persona, y en lo que tú misma dices, puede que empiecen a decir cosas positivas más a menudo”.BARBARA WESTBERG

PROPAGA LA PAZ CON TUS PALABRAS

VERSÍCULO CLAVE: MATEO 5:9

BIENAVENTURADOS LOS QUE PROCURAN LA PAZ, PUES ELLOS SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS.

¿Ha habido veces en que has repetido palabras maliciosas y puesto más leña al fuego?  La lectura bíblica de hoy dice que busquemos y procuremos la paz.  Un modo de hacerlo es evitar compartir con otros las palabras negativas que escuches a otros decir sobre alguna persona.  En lugar de eso, esfuérzate por escuchar las cosas buenas que se digan sobre otros y esas sí repite, ¡agregando tus propios elogios!  Muéstrales a los demás la paz y el amor que tienes en Jesús al propagar la paz y el amor con tus palabras.

Clave de Hoy
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