Ochenta kilómetros por una Biblia

Cuando Zoe y su abuelo llegaron a casa, después de la iglesia, Zoe lanzó su Biblia descuidadamente en el brazo de un sillón y caminó hacia el estante de los libros.  “¿Tienes algún libro que pueda leer esta tarde?”, preguntó.

Zoe observó cómo el abuelo hacía un gesto de molestia al ver que su Biblia resbaló y cayó al piso. Él la recogió en silencio y acompañó a su nieta que echaba un vistazo a los títulos de los libros.  “A lo mejor te gustará este”, señaló el abuelo, sacando un volumen de pocas páginas.

Esa tarde, Zoe leyó el libro que su abuelo había elegido.  Era una historia de la vida real sobre una niña llamada Mary Jones, que vivió en Gales en los años 1700.  La oración más ferviente de Mary era tener una Biblia y poder leerla.  “Guau”, pensó Zoe.  “Nunca había pensado en cómo sería no tener una Biblia”.

Zoe siguió leyendo y aprendió que, cuando fundaron una escuela en su pequeña aldea, Mary pudo aprender a leer, pero todavía no tenía una Biblia propia.  Cuando cumplió 16 años, Mary se enteró que alguien tenía Biblias en venta en una aldea a 40 kilómetros de distancia de su hogar.  La joven tomó todo su dinero y caminó hacia esa ciudad para comprar una Biblia.  Los 40 kilómetros del viaje de regreso le parecieron cortos porque estaba tan feliz de llevar su Biblia a casa.

Zoe levantó la vista cuando su abuelo entró a la habitación.  “¿Cómo te va con el libro?”, preguntó.

“La chica de este libro caminó 40 kilómetros para comprar una Biblia, ¡y después tuvo que regresar caminando a su casa!”, exclamó Zoe.  “¡Caminó 80 kilómetros por una Biblia!”

El abuelo asintió.  “La historia de Mary Jones siempre me recuerda cuán preciosa es la Palabra de Dios.  A veces podemos olvidarlo porque tenemos un acceso fácil a la Biblia… ¡incluso podemos leerla al instante en una computadora o teléfono celular!  Pero la mayoría de las personas a lo largo de la historia no tenían ese lujo.  Mary sabía que la Biblia era la viva Palabra de Dios.  Ella quería una Biblia propia para poder leerla y aprender más acerca de Jesús y todo lo que Él ha hecho por ella”.

Zoe sonrió.  “Gracias por darme este libro, abuelo”.  La niña tomó su Biblia que estaba en la mesa.  “Después de leer la historia de Mary, ¡quiero ir a leer la Palabra de Dios!”  – EMILY I. THOMPSON

LA PALABRA DE DIOS ES PRECIOSA

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 119:103

¡QUÉ DULCES SON A MI PALADAR TUS PALABRAS! SON MÁS DULCES QUE LA MIEL.

¿Te das cuenta de cuán preciosa es la Palabra de Dios?  ¿Lees tu Biblia y la tratas con respeto?  Las personas en la lectura bíblica de hoy no habían oído la Palabra de Dios por muchos años y, cuando fue leída, honraron y alabaron a Dios.  Aun hoy en día hay personas en algunos países que no tienen acceso a una Biblia.  Dale gracias a Dios por Su Palabra que da vida.  ¡Luego léela y aprende de ella!

Clave de Hoy
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