No estoy sola

«Quisiera que mi mamá no me dejara sola en la casa cuando sale por la noche», pensó Irene mientras se acurrucaba bajo la sábana andrajosa que tenía en su cama. Le sonaban las tripas por el hambre. Su madre le había dicho que buscara algo para comer, pero no había mucho en la alacena, solo unas pocas galletas y mantequilla de maní. Irene abrazó a Pelusa, su oso de peluche.

—Me alegra tanto haberte recuperado —susurró. Pelusa era muy viejo y desgastado, así que la madre de Irene lo había arrojado a la basura. Justo a tiempo, la niña lo vio ahí y lo rescató.

Irene suspiró. «Quisiera que todos los días fueran miércoles», pensó. Ese era el día en que la señora Acosta llegaba al centro comunitario después de la escuela y enseñaba en un club de Biblia para niños.

—Me encanta oír sobre Jesús. Él ama a todos, incluso a los niños y a los enfermos —murmuró la niña al recordar la historia bíblica que la señora Acosta les había contado la semana anterior.

—Un hombre se acercó a Jesús; él tenía una enfermedad terrible llamada lepra. Era muy contagiosa y quienes se enfermaban con ella quedaban cubiertos con llagas muy feas, así que a los leprosos los enviaban a vivir solos, fuera de la ciudad —les explicó la señora Acosta—. Nadie quería acercarse a ellos ni tocarlos, pero Jesús amaba al hombre enfermo, estiró su brazo, tocó al leproso y lo sanó. Jesús te ama tanto a ti también. Él vino a nuestro mundo roto para salvarnos y darnos una nueva vida con Él, y nos promete que estará con nosotros cuando pasemos por dificultados.

Irene miró a su osito de peluche. «Mamá creyó que Pelusa era feo porque es viejo y se está saliendo su relleno, así que lo tiró a la basura», pensó. Una lágrima bajó por su mejilla. «A veces me pregunto si ella piensa que también soy fea. A veces actúa como si no me quisiera». Irene pensó otra vez en la historia del leproso y otra más que la señora Acosta les había contado, de cuando Jesús invitó a los niños pequeños a que se acercaran a Él, cuando otros trataron de ahuyentarlos.

—Gracias por amarme, Jesús —susurró Irene—. Gracias por estar conmigo todo el tiempo, aun cuando no sienta que estés aquí. Estoy tan feliz porque nunca estoy sola en realidad.

Los labios de Irene dibujaron una sonrisa mientras abrazaba con fuerza a Pelusa, y en pocos instantes se quedó dormida.

CAROLYN E. YOST

JESÚS TE AMA

VERSÍCULO CLAVE: MARCOS 10:14 (NTV)

JESÚS… LES DIJO: «DEJEN QUE LOS NIÑOS VENGAN A MÍ. ¡NO LOS DETENGAN! PUES EL REINO DE DIOS PERTENECE A LOS QUE SON COMO ESTOS NIÑOS».

¿Hay cosas en tu vida que te provocan tristeza? ¿Te sientes solo y crees que a nadie le importas? Le importas a Jesús. Él dejó el cielo y vino a la tierra para rescatarte. El Señor entiende todo lo que estás viviendo y promete que estará a tu lado, pase lo que pase. Nunca tendrás que estar solo. Confía en Jesús como tu Salvador hoy mismo. (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti). Ahora cuéntale a un adulto de confianza cómo te sientes, para que puedas recibir ayuda.

Clave de Hoy
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