Los sombreros de Emma

Emma buscó por todos lados, incluso debajo de Bella, que ronroneaba en el piso.  “Mamá, ¿dónde está mi boina azul, Barry?”, gritó mientras revolvía los sombreros que había dejado apilados en la silla de su habitación.  La niña les ponía nombres a todos sus sombreros.

“No sé, pero ya está llegando el autobús de la escuela”, contestó su madre.

Emma tomó su gorra de béisbol, Bob.  Se la puso en la cabeza y salió corriendo por la puerta.  “Qué alivio, lo logré”, comentó mientras se subía al autobús.

Después de la escuela, Emma entró con prisa a la casa.  “Mamá, ¿encontraste a Barry?”

“No, pero si limpiaras tu habitación, quizá la encontrarías”.  Su madre sonrió.

Emma entró en su cuarto y arrojó su mochila y su gorra en la cama.  “Debe estar por aquí”.  La niña reunió todos sus sombreros y los colgó en los ganchos de su armario.  “A ver, además de Barry, me faltan los sombreros Noé Buendía y Sandy Sol”.

Emma siguió con la limpieza.  Bajo la cama encontró un calcetín de bolitas, el ratón de juguete de Bella y uno de los guantes de su madre.  “Creí que mamá había perdido este guante”, dijo la niña.  “Bella, aquí está tu ratón”.  La gata lo olfateó y cerró sus ojos.

Durante la cena, Emma les contó a sus padres que encontró el guante de su mamá.  “Pero ahora tengo tres sombreros perdidos.  No me rendiré hasta encontrarlos.  Tienen que estar en algún lado”.

“Esto me recuerda a la historia que contó Jesús en la Biblia sobre la mujer que perdió una de sus diez monedas de plata”, indicó su madre.  “Ella barrió y buscó hasta encontrarla”.

“O del pastor que tenía cien ovejas.  Una se perdió, así que él dejó a las noventa y nueve para buscar a la que estaba perdida, hasta que la halló”, agregó papá.  “Así es como Jesús nos busca.  Quiere encontrar a quienes están perdidos en el pecado”.

A la mañana siguiente, Emma anunció: “Voy a buscar mis sombreros perdidos.  Le pedí a Jesús que me ayudara”.

“Bueno, pero ¿podrías primero traerme dos canastas para la ropa?”, preguntó mamá.

Mientras estaba en la lavandería, Emma miró a su alrededor.  “Mamá”, gritó desde la puerta.  “Ven a ver dónde encontré mis sombreros”.

La madre fue corriendo a donde Emma estaba de rodillas, en una esquina.  “Oh, cielos, ¡tres gatitos!”, exclamó mamá.  “Ahora sabemos dónde había estado Bella todo el día”.

“Se ven tan lindos ahí acurrucados en mis sombreros”, aseguró Emma.

“Hija, ¿no te importa que Bella haya tomado tus sombreros?”

Emma se veía contenta.  “Tengo otros sombreros.  Además, ¡ahora tengo que ponerles un nombre a estos tres gatitos!”  —  LYNDA BOUCHER

JESÚS BUSCA A LOS PERDIDOS

VERSÍCULO CLAVE: LUCAS 15:9

ALÉGRENSE CONMIGO PORQUE HE HALLADO LA MONEDA QUE HABÍA PERDIDO.

¿Alguna vez has perdido algo especial?  Tal vez tu mascota se escapó o no pudiste encontrar el reloj que te regalaron tus abuelos.  Probablemente buscaste y, cuando lo encontraste, te regocijaste.  Lo mismo pasa con Jesús.  Su amor para cada persona es tan grande que Él busca a los perdidos que no lo conocen.  Cuando estos son hallados, ¡hay gozo en el cielo!  ¿Te ha encontrado Jesús a ti?  Si no, pon tu confianza en Él hoy mismo.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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