Los ingredientes necesarios (Parte 3)

“¡Hola, mamá!”  César se dirigió a la cocina con una amplia sonrisa y se sentó en un taburete.

“Hola, hijito.  ¿Hoy te fue mejor?”

“¡Mucho mejor!  ¡Adivina!  Ya sé por qué los niños se burlaron de mi tare durante la obra de teatro de la escuela.  ¡Santiago estaba celoso!  Él quería manejar las luces y presumía de cómo el maestro definitivamente lo elegiría a él.  Entonces, cuando yo fui elegido en vez de él, Santiago estaba furioso como un toro.  ¡Solo dijo eso de que no soy importante porque sentía que él no era importante!  Los otros niños probablemente le siguieron porque le tuvieron miedo.  ¡Qué locura!”

“¿Y cuál fue tu reacción?”, preguntó su madre.

“Quería darle un golpe”.  Mamá abrió los ojos por el asombro y César rápidamente agregó.  “No te preocupes.  No lo hice.  Solo estaba enojado porque me hizo daño.  Pero me sentí bien al saber que Santiago creía que él no era importante”.

La madre levantó las cejas.

“Ya sé, ya sé”, dijo César, “está mal pensar así.  Por eso oré en mi mente y le pedí a Dios que me ayudara a decirle a Santiago lo que tú me dijiste a mí”.

“¿Y qué le dijiste?”, preguntó mamá.

César sonrió.  “Le dije que mi mamá era muy buena para hacer voces y convertir en personajes a la harina y al polvo de hornear”.

Las mejillas de mamá se sonrojaron.  “Bueno, siempre me ha gustado el teatro”.

“Estoy bromeando”, afirmó César.  “Le dije que sabía cómo se sentía pensar que no era importante, pero que eso no es verdad.  Todos son importantes para Dios y somos importantes para los demás.  Le conté que, si todos fuéramos los ingredientes de un pastel, todos seríamos necesarios para hornearlo, aun si fuéramos diminutos, como el polvo de hornear.  Luego compartí con él la mitad del pastel de chocolate que tenía para mi almuerzo”.

“¡Estoy tan orgullosa de ti!”, expresó su madre.  “En lugar de tratar de vengarte de Santiago por portarse mal, respondiste con bondad, tal como lo haría Jesús.  ¿Cómo respondió Santiago?”

“Se quedó sorprendido de que me portara bien después que él fue tan cruel.  No me pidió perdón, pero comenzó a portarse amable, así que somos amigos otra vez.  Eso me alegra, porque si yo soy importante para otros cristianos, entonces también ellos tienen que ser importantes para mí, ¿verdad?”

Mamá sonrió y asintió.  “¡Exactamente!”  —  PEARL ALLARD

VENCE EL MAL CON EL BIEN

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 12:21

NO SEAS VENCIDO POR EL MAL, SINO VENCE EL MAL CON EL BIEN.

¿Alguna vez has considerado que las personas que te hirieron también fueron heridas?  ¿Y tal vez del mismo modo que te hicieron daño a ti?  Conocer la verdad que somos importantes puede sanarnos y darnos fuerza para ofrecer esa misma sanidad a quienes nos tratan mal.  ¿Quién te viene a la mente que creas que necesita oír la verdad de Dios?  ¿Se la compartirás en amor?  (Tal vez sería bueno que también le compartas un pedazo de pastel).

Clave de Hoy
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