La casa de los espejos

Cuando Iván terminó de comer una manzana acaramelada en la feria, su mamá echó un vistazo a su teléfono.  “Solo tenemos tiempo para un juego más, Iván.  ¿Cuál quieres?”

Los ojos de Iván iban de un lado al otro mientras trataba de decidir cuál era el último juego que quería hacerse antes de salir.  Frente a él notó cómo las luces de la montaña roja se prendían y apagaban mientras el carrito subía, bajaba y daba vueltas.  A su derecha, autos rojos brillantes daban vueltas en círculos al son de una música estridente.  A su izquierda vio un edificio con una señal que decía Casa de los Espejos.  “Ese es.  Mamá, eso es lo que quiero ver”.

“Muy bien”, indicó su mamá.  “La Casa de los Espejos será”.

Después de comprar los boletos, Iván y su madre caminaron a través de un pasillo largo y oscuro.  El niño entró a la primera habitación y corrió hacia el espejo.  “Mamá, mírame en este espejo.  ¡Me veo más alto que una jirafa!”

“Yo también”, afirmó la madre y ambos rieron.

Iván se movió a la izquierda y señaló con el dedo.  “¡En este espejo me veo como un hipopótamo!”

Madre e hijo pasaron por todas las habitaciones y pasillos, riendo por la forma en que cada espejo cambiaba y distorsionaba la forma en que se veían.  “¡Qué divertido!”, exclamó Iván mientras salían del edificio.  “¿Podemos entrar otra vez?”

Mamá negó con la cabeza.  “No tememos tiempo.  Pero ¿sabes en qué me hicieron pensar esos espejos?”

“A mí me hicieron pensar en lo feliz que estoy porque no tengo que limpiarlos”, bromeó Iván.

Mamá rio.  “Eso también se me cruzó por la mente, pero lo que realmente recordé es cómo podemos permitir que nuestras circunstancias distorsionen nuestra imagen de Dios”.

Iván se veía confundido.  “¿A qué te refieres?”

“Bueno, cuando nos pasan cosas buenas, podríamos pensar que Dios es amoroso y bueno, pero cuando nos pasan cosas malas, podríamos preguntarnos si Él realmente cuida de nosotros.  Pero no deberíamos usar los eventos de nuestras vidas como un espejo para ver cómo es Dios.  La Biblia dice que Él nunca cambia.  Dios siempre nos ama, tanto que envió a Su Hijo, Jesús, para morir por nosotros.  Por eso, debemos confiar en Él, pase lo que pase en nuestras vidas.  Él es siempre bueno y nunca cambiará”.  – ANNETTE S. BURY

DIOS NO CAMBIA

  VERSÍCULO CLAVE: MALAQUÍAS 3:6

YO, EL SEÑOR, NO CAMBIO.

¿Cambia tu percepción de Dios, dependiendo de lo que sucede en tu vida?  Cuando las cosas están bien, ¿lo ves como un Dios amoroso que te cuida?  Y, cuando salen mal o simplemente no son como tú quisieras, ¿te preguntas si te ama en verdad?  Dios sí te ama.  Te ama tanto que envió a Su Hijo a morir por ti.  Todo el tiempo cuida de ti y nunca cambiará.

Clave de Hoy
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