Jugar a ser cristiano

“¡Yo soy el rey!”, exclamó majestuosamente Braulio, a sus cuatro añitos, poniéndose la corona de cartón que acababa de armar.  El niño tomó la cuchara de madre de su madre como centro y se trepó al enorme sillón forrado de cuero de su padre.  “Ahora tendrás que hacer todo lo que yo diga, Cosme”, le dijo a su hermano adoptivo. 

Cosme rio y luego hizo una reverencia dramática.  “Gran señor, soy su humilde servidor”, dijo solemnemente.  Por unos minutos, Cosme dejó que Braulio le diera órdenes y finalmente dijo: “Bueno, chiquito, ya fue suficiente.  Tengo que hacer tareas, así que me voy a poner a trabajar”.

“Pero tienes que obedecerme”, insistió Braulio.  “¡Yo soy el rey!”

“¿Ah, sí?”  Cosme se abalanzó sobre el niño y le hizo cosquillas.

“¡Esa no es la manera de tratarle a tu rey!”, dijo Braulio, riendo.  El pequeño se soltó y salió corriendo.

“El juego de Braulio me recuerda a la conversación que tuvimos ayer”, comentó mamá, que estaba sentada en el sillón con su computadora portátil.

Cosme tomó su mochila y se dejó caer junto a su madre.  “¿Cuál conversación?”

“Esa, en la que dijiste que no veías la necesidad de entregarle tu vida a Jesús”.

Cosme se encogió de hombros.  “He ido a la iglesia todas las semanas con ustedes y no me he metido en problemas como antes de venir a vivir aquí.  Mi trabajadora social incluso me dijo que está orgullosa de cómo he mejorado en mi conducta.  ¿Eso no es bueno?”

“Sí, por supuesto que sí”, afirmó mamá.  “Pero hacer cosas buenas no te hace un cristiano.  Tienes que confiar en Jesús para realmente serlo.  Si no, eres igual a Braulio.  Él dijo que era el rey e hizo lo que él consideraba que eran las acciones de un rey.  Pero ¿eso lo convierte en rey?”

“No”, respondió Cosme, frunciendo el ceño.  “Solo estaba jugando”.

“Y es posible que una persona juegue a que es cristiana, sin realmente serlo”, explicó mamá.  “Solo Jesús puede salvarnos de nuestro pecado y hacernos nuevas personas.  No podemos hacer nada para borrar las cosas que hemos hecho mal por nuestra cuenta.  Por eso necesitamos confiar en Él, para que seamos perdonados y comencemos una nueva vida”.

“Nunca había pensado así antes”, admitió Cosme.  “Por favor, cuéntame más”.  —  JESSICA DORFSMITH

SÉ UN CRISTIANO DE VERDAD

VERSÍCULO CLAVE: 2  CORINTIOS 13:5

PÓNGANSE A PRUEBA PARA VER SI ESTÁN EN LA FE. EXAMÍNENSE A SÍ MISMOS.

¿Eres un cristiano de verdad o solo estás jugando?  Ir a la iglesia y hacer cosas buenas no te salvará.  La única forma de convertirte en cristiano de verdad es poniendo tu confianza en Jesús y aceptando Su regalo de la salvación.  Examina tu corazón.  ¿Estás confiando en Jesús?  Si no, hazte cristiano de verdad al poner tu confianza en Él hoy mismo.  (Haz clic aquí para que conozcas acerca de las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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