El viaje en bicicleta

—¡Uf! ¡Tengo tanto calor! —se quejó Mateo mientras subía lentamente una colina, pedaleando su bici. El sudor le corría por su cara y le dolían las piernas.

Unos metros más adelante, su padre volteó y sonrió.

—¡Lo estás haciendo muy bien! En la cima de esta colina hay una cafetería. Podemos parar para tomar un helado.

Antes que Mateo pudiera responder, una motocicleta pequeña giró en una esquina y pasó volando junto a los dos ciclistas. Desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

—¡Guau! ¡Qué no daría por tener un motor para mi bici en este momento! —exclamó Mateo con envidio.

—¡Yo también! —gritó papá desde adelante.

Finalmente subieron la colina y llegaron a la cafetería. La motocicleta estaba estacionada afuera. Mateo se detuvo a admirarla.

—Es una belleza, sin duda —opinó.

—Es cierto —afirmó su padre—, pero vayamos adentro y tomemos ese helado.

Esa noche, papá abrió su Biblia para el devocional.

—Hoy nos toca leer el capítulo 6 de Efesios —indicó antes de comenzar a leer, pero se detuvo después de leer el versículo 10. Lo leyó otra vez, lentamente—. Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza —el padre levantó la mirada—. Este versículo me recuerda a algo que sucedió hoy. ¿Recuerdas cuando estábamos subiendo esa colina tan empinada y la motocicleta pasó zumbando junto a nosotros?

Mateo torció los ojos.

—¡Claro que sí! ¡Qué envidia me dio! Pero ¿qué tiene que ver eso con este versículo?

—Bueno, ¿cuál es la diferencia entre la forma que usas una bicicleta normal y una motocicleta? —preguntó papá.

—Eso es fácil —aseguró Mateo—. Necesitas mucha energía y fuerza para montar en una bici normal. Pero el motor de la motocicleta tiene todo el poder y la energía que se necesita. Uno solo se monta y ya —el niño hizo una pausa—. El poder de Su fuerza —dijo en voz baja—. ¿Ese versículo está diciendo que Dios nos da poder, como el motor de una motocicleta?

Su padre asintió.

—Los cristianos a veces pasamos mucho tiempo luchando por hacer las cosas en nuestras propias fuerzas, ¡pero no tenemos que hacerlo! Tenemos el poder del Espíritu Santo, quien nos ayuda a alejarnos del pecado y a seguir la voluntad de Dios para nuestras vidas. En lugar de tratar de hacer las cosas por nuestra cuenta, tenemos que depender de Él.

—Creo que ya lo entiendo —expresó Mateo—. Si confiamos en Dios para que nos ayude, podemos hacer cualquier cosa que Él nos mande a hacer —el niño sonrió—. ¡Y lo haremos en motocicleta, no solo pedaleando en bici!

EMILY LAURIDSEN

CONFÍA EN DIOS Y ÉL TE AYUDARÁ

VERSÍCULO CLAVE: FILIPENSES 4:13

TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE.

¿Hay veces en que caes en el estrés y la preocupación por tus problemas? ¿Sientes frustración cuando crees que deberías hacer algo, pero en realidad no sabes cómo lograrlo? Cuando Dios pone en tu corazón el deseo de hacer algo, no luches para lograrlo por tu cuenta. Confía en que Él te ayudará. A través del Espíritu Santo, tienes el poder para lograr lodo lo que Dios quiere que hagas.

Clave de Hoy
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