El testamento del abuelo

El señor Moreno, abogado, abrió una carpeta y aclaró su garganta.  “La última voluntad y testamento de Norberto Felipe Cisneros”, leyó.  “Yo, Norberto Felipe Cisneros, en sano juicio…”

Qué extraño que el abuelo dijera algo así”, pensó Manuela.  La niña echó un vistazo a la oficina del abogado.  Le hacía tanta falta su abuelo.  Todos se veían muy solemnes y hasta los niños estaban callados.

“A cada uno de mis nietos, les dejo $5000 para que lo utilicen en su educación”, leyó el abogado y Manuela abrió los ojos por el asombro.  “¡Guau!  ¿Todo eso para mí?”  Casi no podía creerlo.  El señor Moreno seguía leyendo.  “A mi nieto Tadeo le dejo…”  Y así sucesivamente.  El abuelo se había acordado de todos, y todos los nietos recibieron algo especial que los ayudaría a recordar a su abuelo.

“¿Podemos ir a la granja, papá?”, preguntó Manuela tan pronto como entraron en su automóvil, después de despedirse de los demás miembros de su familia.  “¡Quiero ver a princesa!”  El abuelo le había heredado su caballo.

El padre asintió.  “Iremos”, afirmó. “Quiero recoger la Biblia del abuelo.  Me alegra que la haya dejado para mí”.  Así que se dirigieron a la granja, donde Manuela acarició a su yegua mientras papá fue a recoger la Biblia que había heredado.

De regreso en su hogar, Manuela le pidió a su padre que le dejara ver la Biblia.  Con cuidado hojeó las frágiles páginas del antiguo libro.  “El Nuevo Testamento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, leyó en voz alta.  “Eso es algo que el señor Moreno dijo en la mañana”, le dijo a su madre.  “Dijo que la última voluntad del abuelo se llamaba testamento, ¿no es cierto?”

Mamá asintió.  “Correcto.  Es un documento importante que decía lo que tu abuelo dejó a cada uno de los miembros de su familia, lo que heredaron.  El Nuevo Testamento también es un documento importante.  En él aprendemos que quienes ponen su fe en Jesús se convierten en miembros de la familia de Dios.  También les aguarda una herencia valiosa, que es la vida eterna con Jesús”.

“¿Y todos pueden tenerla, ¿verdad?”, preguntó Manuela.

“Así es”, aseguró su madre.  “Jesús comparte Su herencia con todos los hijos de Dios.  Es un regalo para cualquiera que ponga Su confianza en Él”.  — BARBARA J. WESTBERG

ASEGURA TU HERENCIA

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 8:16-17

SOMOS HIJOS DE DIOS… SOMOS TAMBIÉN HEREDEROS; HEREDEROS DE DIOS Y COHEREDEROS CON CRISTO.

¿Eres hijo o hija de Dios con una herencia en el cielo?  Cada uno de nosotros ha pecado y no merece esa rica herencia, pero Jesús murió y resucitó para que podamos ser parte de la familia de Dios. Como hijos de Dios, Jesús comparte esa herencia con nosotros.  Este tesoro es más valioso que cualquier otra cosa que pudieras heredar en la tierra.  Asegura tu herencia de vida eterna al poner tu confianza en Jesús.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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