El faro

Arriba… arriba… arriba… Ángel y sus compañeros se estaban cansando mientras seguían a la cuidadora del faro. En lo más arriba de la torre, la cuidadora apuntó la poderosa lámpara.

—Funciona con electricidad —explicó al indicarles los pesados cables que subían hasta la lámpara—. Su luz se puede ver por muchos kilómetros —la mujer caminó a un mostrador y señaló una vieja lámpara que se exhibía ahí—. Esta se usaba antes que tuvieran electricidad en esta zona. Funcionaba con queroseno. En ese tiempo, el trabajo más importante del cuidador era asegurarse de que no se acabara el combustible de la lámpara.

—Pero esa lámpara es mucho más pequeña que la que usan ahora —observó uno de los niños—. No hubiera podido brillar a mucha distancia por el océano, ¿verdad?

—De hecho, sí podía —la cuidadora recogió del mostrador dos piezas de cristal que tenían una forma extraña—. Estos son prismas. Están cortados de una manera especial para descomponer los rayos de la luz que pasar por ellos y reflejarlos no solo una vez, sino varias veces. Al usar prismas, el rayo de luz de la lámpara se puede aumentarse hasta mil veces. Aun con la lámpara más pequeña, un marinero en altamar podía ver el reflejo del rayo de luz.

Esa noche, Ángel le contó a su padre algunas de las cosas que aprendió en la visita al faro.

—Hace muchos años, usaban una lámpara mucho más pequeña que la eléctrica que tienen ahora —explicó—. Utilizaban prismas para reflejar el rayo de luz, y los marineros lo podían ver a kilómetros en altamar.

—Qué interesante —expresó papá—. ¿Y sabes a qué me recuerda eso?

Ángel rio.

—Probablemente a algo que tenga que ver con la Biblia. ¿Tal vez que Jesús dice que es la luz del mundo?

Su padre sonrió.

—Sí, eso también, pero en realidad estaba pensando en los prismas. Si Jesús es la luz del mundo, ¿quiénes son esos prismas?

—Eh… Ya sé, ¡los cristianos! —exclamó Ángel—. Nosotros hacemos brillar la luz de Jesús.

—Correcto —afirmó papá—. Cuando tratamos a los demás con la bondad y el amor que Jesús nos ha mostrado, reflejamos Su luz para que el resto del mundo pueda verla. Cada uno de esos prismas era importante, y cada uno de nosotros también lo es.

—Sí —el niño sonrió—. Es nuestro trabajo reflejar la luz de Dios para todos.

LINDA WEDDLE

DEJA QUE TU LUZ REFLEJE A JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: FILIPENSES 2:15

USTEDES RESPLANDECEN COMO LUMINARES EN EL MUNDO.

¿Conoces a Jesús como tu Salvador? Si es así, tienes Su luz que brilla en tu interior. ¿Cómo puedes reflejar esa luz a quienes te rodean? ¿Estás contando a otros sobre Él? ¿Estás usando los talentos que el Señor te dio para glorificarlo? ¿Tratas a otros con bondad y amor? Confía en que Jesús te ayudará a brillar, para que los demás puedan ver la luz de Su amor.

Clave de Hoy
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