El espejismo

“¿Podemos pasar por el centro comercial?”, preguntó Mercedes mientras conducían cerca del lugar.  “Quiero una blusa nueva”.

“No tenemos dinero para eso ahora, hija”, respondió su madre.  “Además, no necesitas una blusa nueva”.

Mercedes suspiró.  “¡Quisiera que fuéramos ricos y que no tuviéramos que preocuparnos por el dinero!”

“Tener mucho dinero o muchas cosas no trae la felicidad, hija”, aseguró su padre.

El hermano de Mercedes, Ramón, sonrió.  “Sí, ¿no lo aprendiste cuando compraste la cartera nueva que querías?  Estuviste feliz como una semana, y después se te ocurrió que necesitabas un nuevo par de aretes”.  El niño apuntó afuera de la ventana.  “¡Miren eso!  ¿Llovió?  Allá se ve agua”.

“Es un espejismo”, explicó papá.  “Se ve como agua, pero no lo es.  Es causado por la forma en la que luz atraviesa la alta temperatura que se levanta de la carretera”.  Ramón no estaba convencido hasta que se dio cuenta de que siempre se veía algo parecido al agua delante del automóvil.

“Ese es un buen ejemplo de lo que sucede cuando creemos que el dinero resolverá nuestros problemas”, comentó mamá.  “Parecería que el espejismo que vemos adelante nos promete agua, pero cuando llegamos al lugar, no hay nada de agua.  Y parecería que el dinero nos promete la felicidad, pero no la produce”.

“¿Viste, Mercedes?”, indicó Ramón.  “Si tuvieras una blusa nueva, querrías un nuevo pantalón.  Después querrías zapatos nuevos y después probablemente vas a querer…”  El niño se esquivó cuando su hermana quiso darle un golpecito juguetón.

“El verdadero gozo y contentamiento provienen de confiar en Jesús y encontrar nuestra identidad en Él”, afirmó su madre.  “En a Biblia, Jesús se refiere a Sí mismo como el agua viva.  A diferencia de un espejismo, Él realmente puede saciar la sed de nuestros corazones”.

“Pero no es malo que los cristianos tengamos cosas lindas, ¿o sí?”, preguntó Mercedes.

“Por supuesto que no”, contestó su padre.  “Siempre y cuando no hagamos que nuestro valor y felicidad dependan de esas cosas”.  Papá sonrió.  “Pero deberíamos ser ricos en otra cosa.  ¿Saben en qué?”

“¡Sí!  En la iglesia aprendimos un versículo que dice que deberíamos ser ricos en buenas obras y generosos con los demás”, respondió Ramón. 

“¡Bravo!”, exclamó su padre.  “Ganaste un premio”, dijo, lanzando un caramelo al niño sentado en el asiento trasero.

“¡Qué bien!  ¡Me encanta el caramelo!”, expresó Ramón mientras quitaba el envoltorio impacientemente.

Mercedes rio.  “Pero no lo olvides… ¡la felicidad que te trae ese dulce no te durará mucho!” —  KAREN R. LOCKLEAR

EL DINERO NO PUEDE COMPRAR LA FELICIDAD

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 62:10

SI LAS RIQUEZAS AUMENTAN, NO PONGAN EL CORAZÓN EN ELLAS.

¿Crees que serías más feliz si tuvieras dinero para comprar algo que realmente quieras, como una nueva bicicleta o el videojuego más reciente?  Casi todos lo han pensado alguna vez, pero tener mucho dinero o muchas cosas nunca te hará feliz por mucho tiempo.  Solo Jesús puede traerte un gozo que perdura y verdadero contentamiento.  Confía en que Él te hará rico en las cosas que son realmente importantes.

Clave de Hoy
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