El efecto dominó

Kai observó horrorizado cómo su hermanita menor estiraba el brazo para tocar las piezas de dominó que había acomodado durante las últimas dos horas.

—¡Halia!  ¡No toques esas piezas!

Pero era demasiado tarde.  La niña empujó el primer dominó y rápidamente cayeron todos.  Halia rio traviesamente, aplaudiendo sus manitas.

—¡Eres de lo peor, Halia! —gritó Kai—.  ¡Yo quería hacer un video con eso!  ¡Vete de aquí!

La carita feliz de Halia se transformó en una expresión de tristeza, y salió llorando a la habitación vecina.

Oliva, su perrita, fue donde estaba la niña, moviendo la cola.  Cuando Oliva lamió la cara de Halia, ella pateó a la mascota.

—¡Eres de lo peor! —gritó—.  ¡Vete de aquí!

Entonces Kai oyó la voz de su madre:

—¡Hija, no puedes patear a Oliva!  Y no me gusta que esas palabras salgan de tu boca.

Mientras volvía a acomodar sus fichas de dominó, Kai empezó a sentirse muy mal por lo que le había dicho a su hermana.

—Halia —le llamó unos minutos después.  La niña entró lentamente en la habitación.  Kai apuntó a las fichas de dominó, que estaban ordenadas para formar una cara feliz—.  Construí esto para ti —indicó—.  Dale, puedes empujar la primera pieza.

Encantada, Halia empujó el primer dominó y su madre entró para mirar, mientras la habitación se llenó del ruido de las fichas que caían.

—¿Saben? —comentó mamá, pensativa—, cuando un dominó cae, afecta a todos los demás, y lo mismo sucede también con las personas.  Por ejemplo, cuando nos enojamos, nuestras reacciones muchas veces afectan a más de una persona —mamá acarició a la perrita—, o criatura.

—Halia te contó lo que pasó antes de patear a Oliva, ¿verdad? —Kai bajó la mirada—.  Cuando me enojé y le dije cosas feas a mi hermana, también la hice enojar, así que ella se desquitó con Oliva.  Eso fue como las fichas de dominó… pasó de mí a Halia y después a la perrita.

—Así es —afirmó mamá—.  La Biblia nos dice que tengamos cuidado con las palabras que nos decimos unos a otros.  Como cristianos, deberíamos edificarnos mutuamente con nuestras palabras, en lugar de derribarnos.  En vez de atacar cuando nos sentimos enojados, podemos confiar en que Jesús nos ayudará a responder con amor.

Kai miró a su hermanita.

—Perdóname por haberte gritado y por decirte que eres de lo peor.  Halia, no eres de lo peor… en realidad, ¡eres la mejor!

—Está bien —respondió Halia.  La pequeña sonrió y acarició la cabeza de Oliva—.  Buena perrita, Oliva.  Eres la mejor.

ELIZABETH L. TONER

USA PALABRAS QUE EDIFIQUEN A LOS DEMÁS

VERSÍCULO CLAVE: EFESIOS 4:29

NO SALGA DE LA BOCA DE USTEDES NINGUNA PALABRA MALA, SINO SOLO LA QUE SEA BUENA PARA EDIFICACIÓN, SEGÚN LA NECESIDAD DEL MOMENTO.

¿Tienes cuidado de las palabras que dices?  Tus palabras tienen efecto en las demás personas.  Al igual que las fichas de dominó, pueden extenderse para edificar a otros o para derribarlos.  Cuando respondes a una persona con amabilidad y amor, le estás demostrando el amor de Jesús y le animas a que también trate a los demás del mismo modo.  Confía en que Jesús te ayudará a edificar a otros con tus palabras.

Clave de Hoy
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