Detente y observa lo que te rodea

Los dedos de Felipe se movían rápidamente en su tableta mientras iba sentado en el metro.  Su mamá y su hermana estaban sentadas junto a él, repasando el versículo bíblico que Adelaida tenía que aprender para la iglesia.  Cada tarde, su mamá los recogía en la escuela para volver a casa con ellos.  Y Felipe jugaba el mismo videojuego todos los días.

“¡Rayos!”, gritó el niño, frustrado, cuando perdió una vez más.

“¡Chist! ¡Estoy tratando de concentrarme!”, gritó Adelaida.

El vagón del metro frenó de repente y la tableta de Felipe cayó al piso.  Se resbaló y golpeó el bastón de una anciana que se veía solitaria.

“Lo siento”, le expresó Felipe a la pasajera mayor.  El niño observó su piel arrugada y sus ojos oscuros y casi tristes.

“No te preocupes, pequeño”, contestó la mujer con una pequeña sonrisa en sus labios resecos.

Esa noche, Felipe no podía sacar de su mente a la anciana del metro.  Se preguntaba qué le sucedía.  Para su sorpresa, comenzó a verla muchas veces en el metro, después de la escuela.  Se preguntaba por cuánto tiempo habrían viajado juntos.  ¿Días?  ¿Semanas?  ¿Meses?  Y nunca la había notado.

Una tarde, durante su viaje a la casa en el metro, Felipe tomó su mochila para sacar su tableta.  Una vez más, notó a la anciana sentada con su bastón en una mano y un libro en la otra.  “Amémonos unos a otros”, pensó Felipe, recordando el versículo bíblico de su clase de escuela dominical en la iglesia.

“Mamá, ¿puedo ir a conversar con ella?”, preguntó Felipe, señalando a la anciana.  Su madre sonrió y asintió.

“Buenas tardes”, saludó Felipe, sentándose junto a la señora.  “Me llamo Felipe”.

“Buenas tardes, jovencito”, dijo la anciana, sonriendo.  “Me llamo Ester.  Gracias por saludarme”.

Felipe le devolvió la sonrisa y se dio cuenta de que el libro que sostenía en sus manos era una Biblia.  “¿Está leyendo su Biblia?”

“Bueno, me olvidé mis anteojos, así que hoy no puedo ver las palabras”, contestó la señora Ester. 

“Yo se la puedo leer.  Mamá, ¿puedo?”

“Claro que sí”, afirmó su madre con una sonrisa.

Desde ese día en adelante, Felipe le leía la Biblia a la señora Ester en el metro todas las tardes.  Y después de un tiempo, se olvidó de su juego de video.  —  EMILY RUDOLPH

DETENTE, OBSERVA Y AMA

VERSÍCULO CLAVE: 1 JUAN 4:7

AMADOS, AMÉMONOS UNOS A OTROS, PORQUE EL AMOR ES DE DIOS, Y TODO EL QUE AMA ES NACIDO DIOS Y CONOCE A DIOS.

¿Alguna vez has centrado toda tu atención en un videojuego, un libro o alguna otra actividad, ignorando a todos los que te rodean?  Dios no nos ignora.  Él envió a Su Hijo, Jesús, a morir por nuestros pecados para que podamos ser salvos.  ¡Qué gran regalo de amor desinteresado!  Está bien que hagas las cosas que disfrutas, pero no olvides de detenerte para observar lo que sucede a tu alrededor.  ¿A quién puedes mostrar hoy el amor de Dios?

Clave de Hoy
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