Dar en el clavo

¡Pum, pum, pum!  El martillo de papá golpeó un clavo para insertarlo en la tabla que sostenía Belén.  “Bueno”, anunció el padre dramáticamente, “hemos puesto otra tabla en la custodia de la casa del árbol.  ¡Gracias!  ¡Muchas gracias!”  Belén no respondió.  “¿Hija?”  Papá sonrió tímidamente.  “¡Estoy esperando mis aplausos!”

“¿Qué?  Oh, lo siento, papá”, fue la respuesta.  “Estaba solo… pensando”.

“¿Qué pasa, corazón?”, preguntó su padre con delicadeza.

“Quisiera tener un buen talento para ofrecérselo a Dios”, contestó Belén.  “No puedo hacer nada útil.  Julia puede cantar; yo no.  Rosa es excelente con los niños pequeños; yo no.  ¡No puedo hacer nada!”

“Ya veo”, comentó papá.  “¿Podrías pasarme ese clavo?”  Belén tomó un clavo grande y se lo pasó.  El padre lo aceptó y lo quedó mirando por un segundo.  “Hija, tengo una pregunta para ti.  ¿Qué dirías si los clavos comenzaran a pensar que no sirven para nada?  ¿Qué tal si dijeran: ‘si tan solo fuéramos tablas, entonces podríamos ayudar a nuestro constructor’?”

“Bueno, eso sería absurdo”, respondió Belén.

“¡Exactamente!  Tienen puntas afiladas para que puedan entrar en la madera, cuerpos largos que pueden juntar varias piezas de troncos, y cabezas platas que hacen que sea fácil golpearlos.  Los clavos han recibido todo lo que necesitan para servir a quien los utiliza.  Y lo mismo pasa contigo.  Jesús nos da a cada uno de nosotros habilidades diferentes para que podamos servirlo junto con otros cristianos.  Pensemos un poco.  ¿Qué puedes hacer para servir a Jesús?”

“Bueno, soy muy buena para tocar el piano”, aseguró Belén, emocionada.

“¡Ya lo estás entendiendo!”, señaló papá.  “Podrías tocar en la iglesia o en un asilo de ancianos, o incluso podrías dar clases a los niños más pequeños.  ¡Y ni siquiera hemos escarbado la superficie!  Tienes tantos talentos que podrías canalizar para servir a nuestro Creador.  ¿No crees que di en el clavo?”  El padre sonrió.  “¿Lo entiendes?  ¡Por favor!  ¡Ese chiste sí estuvo bueno!”

Belén rio y abrazó a su padre.  “Gracias, papá.  Y sí, ¡sí creo que diste en el clavo!”  —  NATALIE CROWE

DIOS USA TODOS TUS TALENTOS

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 12:4-5

ASÍ COMO EN UN CUERPO TENEMOS MUCHOS MIEMBROS, PERO NO TODOS LOS MIEMBROS TIENEN LA MISMA FUNCIÓN, ASÍ NOSOTROS, QUE SOMOS MUCHOS, SOMOS UN CUERPO EN CRISTO E INDIVIDUALMENTE MIEMBROS LOS UNOS DE LOS OTROS.

¿Alguna vez has deseado tener más talento?  ¿Miras a tus amigos y piensas que, si tuvieras talento, como ellos, entonces podrías ser útil para servir al Señor?  No compares tus habilidades con las de los demás.  Se necesitan muchas personas para edificar el cuerpo de Cristo, y Dios las usa a todas.  Dios te ha dado exactamente lo que necesitas para servirlo como Él desea.  Da gracias por los talentos que Él te ha dado y úsalos para servirle. 

Clave de Hoy
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