¡Dame! ¡Dame!

—¿Disfrutaste al servir en la sala cuna esta mañana, Consuelo? —le preguntó su madre mientras se dirigían a la casa, después de la iglesia.

—Sí… excepto por un niño chiquito que se llama Jair —contestó la niña—. Lo único que dijo todo el día fue: «¡Dame!». «Dame ese juguete; dame jugo; ¡dame, dame, dame!»>.

El hermano de Consuelo, Miqueas, sonrió.

—Se parece a ti —bromeó.

Consuelo le puso mala cara a su hermano.

—Jair no aprecia nada de lo que haces por él ni lo que le das —aseguró—. Alguien debería enseñarle a ese niño a decir gracias. En lugar de eso, en el momento que consigue lo que quería, ¡quiere otra cosa más!

—Así suelen ser los niños de dos años —le dijo mamá.

—De hecho, todos solemos ser así a veces —opinó su padre—. Lo que Miqueas sugirió no está muy alejado de la realidad.

Consuelo se quedó boquiabierta.

—¡Papá!

A la niña no le gustó que le hubieran comparado con un niño de dos años.

Su padre rio.

—Tranquila, hija. No estoy hablando solo de ti. Así somos todos. Todos podemos tener una actitud de «dame» a veces, incluyendo los adultos.

—¿Los adultos? —Miqueas rio—. ¿Piden jugo?

—Bueno, tal vez no así —explicó mamá—. Pero ¿te parecen familiares estas oraciones? «Querido Dios, por favor, ayúdame a encontrar un nuevo trabajo… y ayúdales a los niños a estudiar duro y a sacar buenas calificaciones en la escuela».

—¡Y ayúdame a anotar un jonrón en el próximo partido! —agregó Miqueas.

—Y ayúdame a comer más saludablemente y a hacer ejercicios —añadió papá con una sonrisa.

Consuelo rio.

—Todos pedimos muchas cosas, ¿verdad? Supongo que el mundo debe ser como una enorme sala cuna para Dios.

—Puede que tengas razón —expresó papá—. Pero aunque parecemos una sala cuna llena de niños chiquitos, somos los hijos de Dios, y Jesús nos dice que le llevemos nuestros problemas y preocupaciones en oración. Él nos ama y promete que nos ayudará con nuestros problemas. Cuando le presentamos nuestras peticiones, también debemos acordarnos de darle las gracias por salvarnos del pecado y por responder nuestras oraciones.

—A mí sí me gustaría oír un gracias de Jair, aunque sea una vez —comentó consuelo—. Creo que trabajar en la sala cuna me ayudará a ser más agradecida cuando le pida cosas a Jesús.

—Eso es algo que todos podemos pedirle a Jesús que nos dé ahora mismo —declaró papá—. Un corazón agradecido.

HEATHER M. TEKAVEC

AGRADECE A DIOS POR SU BONDAD

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 107:1

DEN GRACIAS AL SEÑOR, PORQUE ÉL ES BUENO; PORQUE PARA SIEMPRE ES SU MISERICORDIA.

¿Qué palabras usas cuando hablas con Dios? ¿Pareces un niño pequeño que pide una cosa tras otra y no aprecia lo que tiene? ¿O te tomas el tiempo para agradecer a Jesús por todo lo que ha hecho por ti? Dios te ama y quiere darte buenos regalos. Trae tus problemas y peticiones delante de Él en oración, pero hazlo con un corazón lleno de gratitud por todo lo que te ha dado.

Clave de Hoy
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