Cuatro piernas son mejor que dos

Gabriel metió sus pies en el arroyo que tenía 15 centímetros de profundidad, detrás de su amigo, Guille.  El agua llenó sus zapatos e hizo que sus pantalones se pegaran en sus tobillos.  Las piedras redondas se movían bajo sus pies mientras caminaba con esfuerzo en el agua.

Río abajo, las rocas se hacían cada vez más grandes e irregulares, el suelo era más inestable y el agua se volvía lodosa.  Gabriel palpaba el terreno con el pie antes de dar cada paso.  Incluso cuando encontraba una roca buena, a veces la superficie era resbalosa.

De repente, su pie resbaló.  El niño luchó por mantener el equilibrio, pero se cayó sobre sus asentaderas con un enorme salpicón.

Guille corrió a socorrerle.  “Gabriel, ¿estás bien?”, preguntó, ayudando a su amigo para que se volviera a levantar.

“Estoy bien”, expresó Gabriel.  “O sea, aparte de que estoy mojado”, dijo riéndose, tratando de no llorar.  Sentía dolor en su codo y su rodilla, y tenía un golpe en el dedo del pie.  No estaba seguro de que quería seguir caminando.  Posiblemente se iba a caer otra vez.

“Tengo una idea”, sugirió Will.  “Pon tu brazo en mi hombro y yo pondré el mío en el tuyo.  Ahora tratemos de caminar por el arroyo”.

Gabriel y Guille dieron un paso hacia adelante, al mismo tiempo.  Luego otro y otro más.  De repente, Gabriel resbaló otra vez, pero esta vez Guille lo sostuvo.

Después de dar un par de pasos más, Guille resbaló y Gabriel lo sujetó.  Los niños comenzaron a caminar más rápido y con más confianza y, cada vez que uno de ellos resbalaba, el otro lo sostenía para que no cayera.

“Esto es divertido”, afirmó Gabriel.  “Tenía miedo de volverme a caer, pero ahora me siento seguro”.

“Quizá también podamos ayudarnos mutuamente cuando salgamos del agua”, indicó Guille.  “Como lo que decía el pastor Eduardo la semana pasada en la iglesia.  Dijo que los cristianos debemos trabajar juntos para sostenernos unos a otros espiritualmente cuando comenzamos a caer.  Esa es la razón por la que es tan importante que vayamos a la iglesia y que tengamos amigos cristianos”.

“¿Cómo podemos sostenernos unos a otros espiritualmente?”, preguntó Gabriel, meditando en esas palabras.  “¡Ya sé!  Podemos preguntarnos mutuamente sobre lo que estamos leyendo en la Biblia”.

“Sí, y cuando tengas algún problema, me lo cuentas.  Y yo te contaré mis problemas y compartiré contigo las cosas que me preocupan”.

“Me parece una excelente idea”, dijo Gabriel, aferrándose a su amigo mientras caminaban por otra piedra resbalosa.  “¡Somos más fuertes cuando estamos juntos!” – AMY GLENDINNING

LOS CRISTIANOS PUEDEN AYUDARSE UNOS A OTROS

VERSÍCULO CLAVE: ECLESIASTÉS 4:9-10

MÁS VALEN DOS QUE UNO SOLO… PORQUE SI UNO DE ELLOS CAE, EL OTRO LEVANTARÁ A SU COMPAÑERO.

¿Alguna vez has sentido que la vida cristiana es muy difícil?  ¿Te olvidas de leer tu Biblia o te desanimas cuando sucede algo triste?  A lo mejor sigues cayendo en el mismo pecado una y otra vez, pero Jesús nunca quiso que camines con Él sin el apoyo de otras personas.  Haz amistad con otros cristianos y habla con frecuencia sobre Jesús y Su Palabra, para que puedan animarse mutuamente cuando uno de los dos tenga algún problema.

Clave de Hoy
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