Corriendo la carrera (Parte 2)

María se puso a buscar frenéticamente en su armario y los cajones de su cómoda.  “¿Mamá?”, llamó.  “No sé qué hice con mis pantalones cortos para correr y los necesito para la carrera de mañana”.

“¿Qué está pasando?”, preguntó su hermano mayor, Carlos, entrando a la habitación.

“¿Has visto mis pantalones cortos para correr?”, preguntó María, con su cabeza todavía metida en el armario. 

Carlos tomó unos pantalones de la cama.  “Toman”, dijo mientras se los pasaba a María.  “Usa estos”.

“¡No puedo usar esos pantalones, Carlos!”, respondió María, enojada.

“Podrías, si fuera necesario”, comentó su madre cuando entró en la habitación con la ropa limpia, “pero cuando corremos en una carrera, no queremos ningún peso adicional”.  Mamá dio unas palmaditas a los pantalones cortos recién lavados, que estaban doblados encima del montón de ropa.  “Los lavé para ti, junto con los míos.  ¿Nos los ponemos para ir a entrenar?”

“Oh, sí, gracias”.  María sonrió tímidamente al recordar que había puesto sus pantalones cortos en la canasta de la ropa sucia el día anterior.

“No quieren peso adicional, ¿eh?  Bueno, entonces supongo que ninguna de las dos quiere pedirme prestada mi herradura de la suerte”, dijo Carlos con una sonrisita malévola.

“Ja, ja”, expresó María, haciendo una mueca.  “Y no, aun si tuvieras una herradura de la suerte, no queremos nada que nos agregue peso.  Mi entrenador en la escuela dice que, en el día de la carrera, debemos casar todo lo demás de nuestras mentes… y también de nuestros bolsillos”.

“Eses es un buen consejo”, aseguró mamá.  “Es muy parecido al consejo que nos dejó en la Biblia el autor de Hebreos”.

“¿La Biblia tiene consejos para corredores en carreras?”, preguntó Carlos.  “No lo sabía”.

“El autor se refiere a la vida cristiana como una carrera”, explicó mamá.  “Se refiere a las cosas pecaminosas como pesos en nuestras vidas, y nos pide que dejemos esas cosas a un lado.  El peso de cualquier pecado, por ejemplo, una verdad a medias, un espíritu amargado o una actitud impaciente, evitarán que hagamos nuestro mejor esfuerzo en nuestra carrera por la vida.  Tenemos que soltar esos pesos al confesarlos a Jesús.  Entonces podremos correr hacia la línea de la meta sin que nada nos pese”.

“Esa es la mejor manera de correr una carrera”, indicó María.  La niña tomó sus pantalones cortos para correr.  “Vamos, mamá.  ¡Entrenemos una vez más, antes de la carrera de mañana!”  SUSAN S. ARCAND

DESHAZTE DEL PECADO EN TU VIDA

VERSÍCULO CLAVE: HEBREOS 12:1

DESPOJÉMONOS TAMBIÉN DE TODO PESO Y DEL PECADO QUE TAN FÁCILMENTE NOS ENVUELVE.

¿Estás corriendo la carrera de tu vida sin el peso del pecado, como cristiano?  Aferrarnos al pecado en nuestra vida evita que experimentemos el gozo y las bendiciones que Jesús tiene para ti.  Si sientes el peso del pecado, deshazte de él al confesarlo a Jesús.  Él te ayudará a dejar a un lado tus pecados para que puedas correr hacia la meta sin que ningún peso extra sea un obstáculo.

Clave de Hoy
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