Como siervos

—¿Por qué tengo tantas tareas que hacer en casa? —se quejó Marisela mientras empujaba la aspiradora por el pasillo—. ¡Me siento como la sirvienta de la casa!

La madre de Marisela levantó la mirada de los platos que estaba lavando.

—¿La sirvienta? Hablas como si eso fuera algo malo.

La niña se detuvo y miró a su madre como si ella se hubiera vuelto loca.

—¡Por supuesto que es algo malo! ¿Quién quiere ser un sirviente?

—Jesús —contestó mamá—. Él vino a la tierra para servir, así como para salvar.

—¿En qué sentido era Jesús un sirviente? —Marisela quería saber.

—Bueno, Él lavó los pies sucios de sus discípulos y en ese tiempo ese trabajo era el más indeseable, era algo que solo hacían los sirvientes más insignificantes.

—¡Supongo! —Marisela arrugó la nariz cuando se imaginó tocar los pies sucios de otra persona.

—Además, Jesús alimentó a la gente que tenía hambre. Consoló y sanó a los enfermos muchas veces —la madre sonrió a su hija—. E imagínate, si hubiera sido necesario, Jesús habría aspirado la casa.

Marisela rio.

—¡Estoy segura de que no tenían aspiradoras en el tiempo de Jesús!

Mamá también rio.

—Es cierto, pero piénsalo, hija. Jesús, que es Dios, Rey de reyes y Creador de todo lo que existe, se rebajó para venir a la tierra como humano y servirnos. Nuestros corazones estaban sucios por el pecado, mucho más mugrientos que los pies apestosos de los discípulos. Por eso, Jesús se hizo siervo al morir en una cruz por las ofensas que nosotros cometimos y así lavar nuestros pecados. Si no hubiera hecho esto, no tendríamos ninguna esperanza de vida eterna.

Marisela miró la aspiradora y después a su madre.

—Supongo que me quieres decir que debería dejar de quejarme y comenzar a aspirar.

—Eso es exactamente lo que quiero decir, porque es lo que Jesús haría —respondió su madre—. Y como confiamos en Él, somos Sus siervos. Servimos al Señor cuando damos nuestro servicio a otros y cumplimos fielmente con las responsabilidades que nos han asignado.

Marisela se puso los audífonos en los oídos, puso música y prendió la aspiradora. Mamá sonrió y la niña se dirigió al pasillo para terminar con sus tareas.

BONNIE CARR

SÉ UN SIERVO DE JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: MARCOS 10:45

PORQUE NI AUN EL HIJO DEL HOMBRE VINO PARA SER SERVIDO, SINO PARA SERVIR, Y PARA DAR SU VIDA EN RESCATE POR MUCHOS.

¿Alguna vez has sentido que la gente espera demasiado de ti? ¿Has deseado que tus padres, maestros o entrenador no te exigieran tanto? Todos nos sentimos así a veces y es importante que tengas un tiempo para descansar, pero recuerda que Jesús llama a quienes confían en Él a ser siervos, al igual que Él. El Señor nos sirvió al hacerse humano y sacrificar Su vida para salvarnos. Cuando ayudamos a otras personas y cumplimos con las tareas que nos afirman, en realidad, estamos sirviendo a Jesús.

Clave de Hoy
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