Ánimo en graznidos

«¡On, on!». Una gran bandada de gansos ruidosos salpicaba en el agua justo en el momento en que Jacinto y su padre llegaron al lago.

—Es una vista muy linda —opinó papá mientras se dirigía al sendero que estaba en un extremo del lago.

—¿Qué? —gritó Jacinto—. Esas aves hacen tanto ruido que no puedo oírte.

Su padre rio.

—Hablaremos después —respondió con otro grito—. Vayamos a caminar.

Un rato después, se tomaron un descanso.

—Allá te decía que había una vista muy linda con los gansos ahí —le dijo papá.

—Sí, pero graznaban tan fuerte que no podía escucharte —contestó Jacinto—. Me recordó a mi clase de escuela dominical. Algunos de los niños hablan tanto durante la lección, que me pierdo la mitad de lo que dice la maestra.

El padre levantó las cejas.

—¿Solo los otros niños hablan?

Jacinto se sonrojó.

—Bueno… a veces yo también hablo durante la clase.

—Qué mal. Estoy seguro de que eso es muy desalentador para tu maestra. Ustedes son muy importantes para ella y se esfuerza mucho para preparar la lección, porque quiere que conozcan sobre Jesús y Su amor por ustedes.

Jacinto empezó a responder cuando… ¡ON! ¡ON!

—Ya empezaron otra vez —expresó Jacinto al ver cómo los gansos salían volando del lago—. Al menos ahora ya están lejos y sí puedo oírte —el niño se quedó pensando por un momento y después preguntó—. ¿Crees que estén hablándose entre ellos?

—Yo creería que sí. Algunas personas creen que están animando a su líder —explicó papá—. El ganso que va al frente tiene el trabajo más duro, que es volar contra las corrientes del viento porque es el primero en golpear las ráfagas de aire. A lo mejor los demás están graznando para animarlo a que siga adelante.

—¡Guau! Eso sí es importante —señaló Jacinto—. Si una bandada de aves puede animar a su líder, nosotros deberíamos hacer lo mismo con nuestra maestra en la iglesia.

—Tienes toda la razón, hijo —afirmó su padre—. Deberías animarla, pero no haciendo ruido como estos gansos. Jesús puso a tu maestra en tu vida para que ella pudiera ayudarte a conocerlo mejor, y tú y los demás niños pueden animarla al ser buenos oyentes.

Jacinto asintió.

—Voy a quedarme callado y escuchar… ¡y animaré a los otros niños en mi clase para también dejen de graznar!

A. W. SMITH

ESCUCHA CUANDO ALGUIEN TE ENSEÑA LA BIBLIA

VERSÍCULO CLAVE: PROVERBIOS 4:20 (NTV)

HIJO MÍO, PRESTA ATENCIÓN A LO QUE TE DIGO. ESCUCHA ATENTAMENTE MIS PALABRAS.

¿Te sientas en silencio y escuchas cuando tus padres, maestros o pastores te enseñan sobre Jesús y la verdad de Su Palabra? Él nos dio la Biblia para que podamos saber cuánto nos ama y lo que hizo para salvarnos, y el Señor puso a esas personas en tu vida para ayudarte a entender lo que dice. Respétalas al escuchar en silencio, para que puedas aprender lo que Dios quiere que sepas.

Clave de Hoy
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