Abundar

Violeta se acercó para mirar un balde brillante plateados que estaba colgado de un árbol de arce azucarero. Sus amigos que también recibían educación en casa se amontonaron en el mismo lugar para ver cómo un líquido transparente chorreaba de un grifo clavado en el árbol y caía en el balde.

—¡Es difícil creer que esa cosa transparente se convierte en jarabe de arce! —dijo Emilio señalando los árboles que los rodeaban. Todos tenían grifos y los baldes plateados brillaban con la luz del sol.

—Niños, ¿están listos para entrar y ver todo el proceso? —el señor Luis hizo señas al grupo de estudiantes en casa para que entraran al lugar donde se procesaba artesanalmente el sirope.

En el interior, Violeta olfateó para apreciar el aroma.

—¡Aquí huele a caramelo!

El señor Luis sonrió.

—Es una de las cosas que más me gustan sobre la transformación. Cuando el vapor se eleva, el olor del jarabe dulce llena toda la casa —los niños observaron fascinados cuando el maestro les mostró cómo la savia se calentaba en el evaporador hasta que la temperatura alcanzaba los 104 grados—. Cuando el agua se evapora, la savia se vuelve más espesa hasta conseguir esto —el señor Luis le pidió a Emilio que diera vuelta una perilla, y los niños se emocionaron al ver que un jarabe dorado caía en un balde bajo el grifo. El señor Luis cerró el grifo justo antes de rebosar el contenedor—. Ahora filtramos el jarabe y medimos el contenido del azúcar —el maestro enseñó al grupo algunas cosas más antes del tiempo de preguntas.

—¿Podemos probar un poquito? —Emilio saltaba de arriba abajo.

El señor Luis rio.

—¡Por supuesto! —afirmó al apuntar una mesa en la que había pequeños vasos de papel con muestras del jarabe.

Violeta bebió un sorbo de jarabe tibio de arce y suspiró.

—¡Qué delicia! Podría beber todo un vaso con abundancia de jarabe.

—Abundar… esa palabra estaba en el versículo que mi mamá nos hizo memorizar —comentó Betania—. Primera a los Tesalonicenses 3:12, dice que debemos abundar en amor por los demás.

—A veces es difícil amar a otros, especialmente cuando no se portan bien —interrumpió Emilio.

—Es verdad, por eso tenemos que depender de Jesús para que nos ayude a amar como Él ama —respondió Violeta.

—Me alegra que contemos con la ayuda de Jesús para que nuestro amor crezca y abunde —dijo Betania mientras tomaba su vasito de jarabe de arce.

—A mí también —Emilio lamió su vaso—. ¡Él nos ayuda a mostrar a los demás cuán bueno es!

SAVANNAH COLEMAN

DEJA QUE EL AMOR DE DIOS ABUNDE EN TI PARA AMAR A OTROS

VERSÍCULO CLAVE: 1 TESALONICENSES 3:12

QUE EL SEÑOR LOS HAGA CRECER Y ABUNDAR EN AMOR UNOS PARA CON OTROS, Y PARA CON TODOS.

¿Alguna vez te ha costado demostrar amor a otras personas? Si eres hijo o hija de Dios, no tienes que amar a los demás en tus propias fuerzas. Jesús nos mostró la profundidad de Su amor al sacrificar Su vida en la cruz por nosotros, y nos enseña a amar a los demás. El Señor hace que el amor abunde en nuestros corazones para que se derrame a través de nuestras palabras y acciones, para que la gente pueda ver cuán bueno es Dios.

Clave de Hoy
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