Una luz para el mundo

“¡Nunca me vas a capturar!”, gritó Ava a su amigo, Jacob.  Estaban en el patio de la casa de Ava, jugando a que eran caballeros medievales.

“Oh, mi noble corcel, ¡nunca me desamparas!”, clamó un Jacob galopante. 

Mientras el niño alcanzaba a su amiga, ambos sacaron espadas y escudos de espuma.  “¡Por mi honor como guerrera, jamás pondrás tu mano en el tesoro del rey!”  Ava se paró con sus manos en las caderas, mostrando orgullosamente su túnica de caballero sobre su pantalón rosado.

En ese momento se abrió la puerta de la casa de Ava.  “Hija, ¡ya es hora de entrar!”, le llamó su madre.

La niña bajó su espada y su escudo.  “¡Me divertí mucho!”, declaró.

“¡Sí!  ¡Veámonos mañana para seguir jugando!”, señaló Jacob, temblando.  “No nos queda mucho tiempo.  Pronto hará demasiado frío para jugar afuera”.

Cuando Ava entró en la casa, fue recibida por el tibio aroma del pan de orégano y ajo.  ¡Había olvidado que su padre les dijo que sería noche de espagueti!  La niña encontró a su madre rebuscando en la caja de las velas.  “¿Qué estás haciendo?”, preguntó la hija.

“Voy a poner una vela en cada ventana de nuestra casa”, explicó mamá.  “Las velas se usan durante el Adviento para ayudarnos a preparar nuestros corazones para la Navidad.  Me pareció que sería bueno empezar con esa tradición”.

“¿Prepararnos para los regalos que vamos a recibir?”, preguntó Ava con una sonrisita traviesa.

“No, chistosita, ¡es para prepararnos para recibir el regalo de Jesús!”, exclamó papá después de hacerle una mueca a su hija desde donde se encontraba mezclando la salsa de tomate.  “Lo diré de otra manera.  Sé que te encanta la historia, entonces te voy a contar cómo se cree que empezó la costumbre de poner velas en las ventanas.  En la Edad Media, la luz de una sola vela grande se usaba para representar la Estrella de Belén, que fue la que guio a los sabios a buscar y encontrar a Jesús.  Al brillar desde una ventana en la época más fría del año, esa vela recordaba a la gente que debían buscar al Rey que vino a la tierra como un bebé, para que podamos tener Su calor y Su luz en nuestras vidas”.

“Y eso no es algo que recordamos solo en Navidad”, aseguró su madre mientras sostenía una vela para que Ava la pusiera en la ventana.  “Jesús se hizo humano y se sacrificó para que podamos ser salvos.  Eso es algo que debemos celebrar todo el año”.  —  LAUREN N. SIMMONS

JESÚS ES LA LUZ DEL MUNDO

VERSÍCULO CLAVE: JUAN 8:12

JESÚS LES HABLÓ OTRA VEZ, DICIENDO: “YO SOY LA LUZ DEL MUNDO; EL QUE ME SIGUE NO ANDARÁ EN TINIEBLAS, SINO QUE TENDRÁ LA LUZ DE LA VIDA”.

¿Cómo se prepara tu familia para Navidad?  ¿Arman el árbol?  ¿Ponen luces de colores?  Esas son cosas muy lindas, pero también puedes prepararte al dar gracias a Jesús por el sacrificio que hizo cuando vino a la tierra como un bebé para un día morir por nuestros pecados.  Cuando el mundo estaba oscuro y frío, Jesús vino e hizo brillar Su luz sobre nosotros.  ¿Cómo puedes compartir Su calor con otras personas en esta Navidad… y en cualquier época del año?

Clave de Hoy
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