Todavía duele

César deseo haber escuchado a su mamá cuando ella le dijo que no saltara con su bicicleta por la rampa que había construido con planchas de madera… ¡pero saltar con la bici era tan divertido!  “Lo haré una vez más”, pensó cuando su madre entró en la casa.  Así que lo intentó otra vez.  Las tablas se levantaron cuando el niño pasó sobre la rampa, y lo único que recordaba después de eso era el dolor.

“Mamá, lo siento”, expresó César entre lágrimas, después que el doctor juntara los dos huesos rotos en su brazo.  “Debí obedecerte”.

“Te perdono”, contestó su madre.  “Pero no soy la única a quien desobedeciste.  Al desobedecerme a mí, también desobedeciste a Dios, así que tienes que pedirle perdón a Él también”.  César hizo un gesto afirmativo.  Él y su mamá oraron juntos y después el niño se sintió mucho mejor, porque sabía que estaba perdonado.

Al día siguiente, César se sentía desanimado.  el dolor de su brazo lo mantuvo despierto la mayor parte de la noche.  “Ya no soporto esto”, se quejó con su madre.  “Me duele tanto el brazo”.  El niño suspiró.  “Si Dios me perdonó por desobedecerle, ¿por qué no se lleva el dolor?  Yo se lo pedí”.

“Hijo, cuando nos damos cuenta de que hemos hecho algo malo y confesamos nuestro pecado, Dios siempre está dispuesto a perdonarnos, pero no siempre nos quita las consecuencias de lo que hicimos”, explicó mamá.  “A veces tenemos que afrontar esas consecuencias”.

“¿Qué son consecuencias?”, preguntó César.

“Son el resultado de nuestras acciones”, afirmó su madre.  “El dolor que sientes en tu brazo es el resultado de que te hayas roto el brazo por hacer algo que te dije que no hicieras”.  Mamá acarició con delicadeza la espalda del niño.  “Ahora estás sufriendo las consecuencias”.

César suspiró.  “Puede ver… y sentir… a qué te refieres”.

La madre sonrió.  “Es útil que recordemos que para los que confiamos en Jesús, las consecuencias del pecado son temporales.  Debido a que Cristo tomó el castigo por nuestros pecados cuando murió en la cruz, no tenemos que afrontar la mayor consecuencia por el pecado, que es la separación eterna de Dios.  El dolor de tu brazo se irá con el tiempo y algún día, cuando veas a Jesús, nunca volverás a sentir dolor”.  —  RAELENE E. PHILLIPS

EL PECADO TIENE CONSECUENCIAS

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 89:14

LA JUSTICIA Y EL DERECHO SON EL FUNDAMENTO DE TU TRONO.

¿Alguna vez has tenido que afrontar las consecuencias del pecado, aun después de confesarlo?  Dios siempre perdona el pecado confesado, pero no siempre quita las consecuencias.  En este mundo caído, con frecuencia debemos experimentar los dolorosos resultados de las faltas que hemos cometido.  Pero, si conoces a Jesús, las consecuencias no durarán para siempre.  Él experimentó la muerte, que es la mayor consecuencia por tu pecado, para que tú puedas tener vida eterna con Él.

Clave de Hoy
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