¡Sorpresa!

Tito estaba preocupado.  Él y su familia llevaban viviendo en su nuevo hogar por toda una semana, pero todavía no había visto a ningún niño en el vecindario.  Tito se había mudado lejos de sus buenos amigos y comenzaba a pensar que nunca encontraría nuevas amistades aquí.

“Ora por eso”, le aconsejó su padre cuando Tito le contó su problema.

“Ora por eso”, le dijo su madre cuando Tito le preguntó al respecto.

“Ora por eso”, indicó su hermana mayor un día que vio triste a Tito. 

Así que Tito oró.  Le pidió a Dios que le enviara un amigo, alguien que le cayera tan bien como sus viejos amigos, especialmente Augusto y Conrado.  Él los extrañaba mucho desde la mudanza.

A la mañana siguiente, sonó el timbre de la casa.  “Es para ti, Tito”, gritó mamá.  “Alguien vino a verte”.

Tito bajó corriendo por las gradas.  En la puerta estaba parada… ¡una niña!  Tenía rizos rubios y pecas, y usaba una diadema azul.  “Hola”, saludó.  “Me llamo Rocío y vivo en la casa de atrás.  Tenía la esperanza de que algún niño se mudara a esta casa, pero no te vi afuera hasta ayer.  No hay muchos niños por aquí, así que espero que podamos ser amigos.  Oye, ¿te gustan los superhéroes?”

“Eh, sí, me gustan”, tartamudeó Tito.  “Tengo muchos muñecos de superhéroes.  ¿Quieres verlos?”

“¡Claro!”, exclamó Rocío, y ambos niños pasaron la siguiente hora jugando con los muñecos y platicando de superhéroes. 

“Tengo una casa en un árbol de mi jardín”, comentó Rocío.  “Si vienes después del almuerzo, te la mostraré”.

Después que Rocío se fue, Tito fue donde su madre e hizo un gesto negativo con la cabeza.  “Le pedí a Dios un amigo, ¡pero no esperaba que me enviara una niña!”

“A veces Dios responde nuestras oraciones con un no”, explicó mamá.  “Otras veces nos dice que esperemos y en ocasiones dice sí, pero…”  La madre dudó y luego rio.  “A veces Él nos da una sorpresa”.

“¡Es verdad!”, rio Tito.  “¿Me das permiso de ir a ver la casa del árbol de Rocío después del almuerzo?”

“Claro, hijo”, respondió su madre.  “Ayer conocí a sus padres y creo que no habrá problema.  Anda a lavarte las manos y ven a ayudarme a preparar el almuerzo”.  —  CAROL ALBRECHT

DIOS RESPONDE LA ORACIÓN

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 138:3

EN EL DÍA QUE INVOQUÉ, ME RESPONDISTE.

¿Te ha dado Dios alguna sorpresa últimamente, como respuesta a tus oraciones?  A lo mejor querías que Él te respondiera de una manera en particular, pero recuerda que Dios siempre sabe lo que es mejor para ti.  Puedes confiar en que Él responderá de la manera apropiada, incluso si no es como lo esperabas.  Él te ama y promete ayudarte a superar cualquier problema que afrontes.  ¡Qué bueno es Dios!

Clave de Hoy
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