Sin miedo

Chis, chis.  Los limpiaparabrisas trabajaban furiosamente para despejar el vidrio.  ¡PUM! ¡ZAS! Los truenos rugían mientras los relámpagos partían el cielo en dos.  Chis, chis, chis, chis.  “Tengo miedo”, expresó Micaela.  “¿Puedes ver la carretera, mamá?”

“Sí, hija”, contestó su madre, tensionada.  ¡Plas!  Un tremendo salpicón de agua golpeó el parabrisas cuando pasó un camión.

“¡Mamá!”, chilló Micaela y luego suspiró.  “Odio esto”.

Su madre asintió.  “Lo sé.  ¡La tormenta fue tan repentina!  Nos estacionaremos a un costado apenas tengamos la oportunidad.  Mientras tanto, oremos juntas”.  Con los ojos fijos en la carretera, mamá oró en voz alta.  “Jesús, por favor, guárdanos.  Gracias por estar aquí con nosotras.  Ayúdanos a confiar en que nos mantendrás sanas y salvas”.

Micaela gimoteó cuando otro salpicón de agua saltó al parabrisas.  “Tranquila”, le dijo su madre.  “Piensa, hija, ¿acaso Dios nos llevó a salvo a tu recital de piano?”  La niña asintió mientras los limpiaparabrisas seguían agitándose sin descanso.  “¿Te ayudó Dios cuando te sentías nerviosa por tocar tu canción en frente de todos?”, preguntó mamá.

Micaela asintió.  “Sí”, admitió, “pero… si Dios realmente nos ama, ¿por qué no hace que se detenga la tormenta ahora mismo?  ¡Ya oramos!  ¿Por qué Dios no la calma?”

“No sé”, respondió la madre.

“¿No sabes?”

“No”, repitió mamá.  “No sé por qué Dios permite que sucedan algunas cosas, ¡pero sí sé que Él es Dios!  Él nos ama y siempre está con nosotros.  Jesús murió para salvarnos y nos promete que estará aquí, con nosotras, cuando afrontemos dificultades, para ayudarnos a superarlas”.

Chis, chis, chis.  Micaela observó cómo los limpiaparabrisas iban de un lado al otro.  Se puso a pensar en la verdad de las palabras de su madre y se puso a tararear, y luego empezó a cantar.  “Dios ha sido bueno… Bueno es Dios”.  Chis, chis, chis.  ¡PUM!  ¡ZAS!  La lluvia caía de amenazantes nubes negras.  “No parece que vaya a parar”, afirmó la niña con calma.

“No por algún rato más”, contestó mamá, observando la carretera.  Ella sonrió.  “Cantemos otra vez”.  Juntas empezaron otra estrofa.  “Por eso cantaré”.  Chis, chis, chis.  “Y siempre alabaré”.  Chis, chis, chis.  “Y nunca olvidaré”.  Chis, chis, chis.  “Bueno es Dios”.  —  LISA D. COWMAN

CONFÍA EN JESÚS, ÉL CUIDA DE TI

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 46:10

ESTÉN QUIETOS, Y SEPAN QUE YO SOY DIOS.

¿Qué cosas que te asustan afrontas en este momento?  ¿Estás en una nueva clase en la que no está ninguno de tus amigos?  ¿Tienes miedo de que tus padres se divorcien?  ¿Te preocupa alguien que está enfermo?  ¿Te preguntas por qué Dios no arregla el problema?  Aunque no sabemos las razones que Dios tiene para permitir que algunas cosas sucedan, sí sabemos que Él nos ama y que siempre está con nosotros.  Confía en que Jesús cuidará de ti durante este tiempo difícil, porque sabes que Él es Dios.

Clave de Hoy
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