Santos de la tercera edad

Como parte de un proyecto de servicio, los niños de la clase de Clara en la iglesia realizaban visitas semanales a los miembros de la tercera edad de la iglesia que vivían en el vecindario.  —La visita más larga siempre es con la señora Donoso —le comentó Clara a Elena, su compañera de proyecto—.  ¡Ella siempre habla y habla!.

Elena estuvo de acuerdo, pero cumplieron fielmente con su visita a la anciana, una vez por semana.

Un día, la señora Donoso les mostró a las niñas algunas fotografías descoloridas. 

—¿Quién es? —preguntó Elena, apuntando a la imagen de una niña pequeña.

La señora Donoso sonrió.  —Es mi hija.

—¿Por qué ella nunca la visita ni la cuida, ahora que usted es anciana? —soltó abruptamente Clara, sin pensar.

—Ella tuvo un accidente de tránsito hace muchos años, y el Señor se la llevó con Él —explicó la señora Donoso.  Clara se puso roja como un tomate al oír la explicación.  —Pero no te asustes —le animó la anciana, mientras acariciaba la mano de la niña —.  Perder a mi hija fue lo más difícil que he vivido, pero Jesús estuvo conmigo en todo ese proceso.  Cuando Él nos dice que nunca nos dejará ni nos abandonará, ¡lo dice en serio!

Poco tiempo después, la señora Donoso no abrió la puerta cuando las niñas timbraron.  Clara espió por una ventana.  No podía ver claramente, pero parecía como si la anciana estuviera desplomada sobre una mesa.  —¡Oh, no! —exclamó la niña, alarmada, pero en ese momento, la señora Donoso se levantó.

Al ver la cara asustada de Clara, la señora Donoso corrió rápidamente a la puerta.  —Entren, niñas.  Estaba tan ocupada que no las oí. —La anciana las recibió con una sonrisa.  —Como saben, soy anciana y no puedo hacer muchas cosas, pero sí puedo orar —afirmó con un guiño—.  Hoy estaba orando por los niños de nuestro vecindario, ¡incluyéndolas a ustedes!

Cuando Clara llegó a su casa, le contó a su madre lo que había sucedido.

—Cuando empezamos este proyecto, veía a la señora Donoso como una carga —admitió la niña—.  Pero ella me ha enseñado mucho, ¡y además ora por mí!

—Jesús promete que nos cuidará toda nuestra vida —aseguró mamá—.  Aun cuando seamos viejitas, Él seguirá obrando a través de nosotros para que otras personas puedan conocerlo mejor.

Clara asintió.  —Si llego a tener la edad de la señora Donoso, espero seguir orando por otros y hablándoles sobre Jesús, ¡tal como ella lo hace!  —  JAN L. HANSEN

APRENDE LOS CRISTIANOS MAYORES

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 71:18

Y AUN EN LA VEJEZ Y LAS CANAS, NO ME DESAMPARES, OH DIOS, HASTA QUE ANUNCIE TU PODER A ESTA GENERACIÓN, TU PODERÍO A TODOS LOS QUE HAN DE VENIR..

¿Cómo te sientes con respecto a los ancianos?  ¿Los respetas?  ¿Pasas tiempo con ellos y escuchas lo que tienen que decir?  Te darás cuenta de que las personas mayores pueden enseñarte lecciones valiosas por las experiencias que han vivido.  Dios nos ha dado una tarea a los santos de la tercera edad, así como a los cristianos más jóvenes.  Él sigue obrando en sus vidas, para que puedan llevar a las personas a Jesús.  Los ancianos son valiosos para el Señor y Él quiere que también los valores.

Clave de Hoy
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