Practicar, practicar, practicar

Darío estaba pensando mientras caminaba lentamente hacia su casa, después de la escuela. «Tuve la oportunidad perfecta para contarle a Liam sobre Jesús cuando me preguntó por qué siempre voy a la iglesia. Debí decirle que soy cristiano y que Jesús me salvó. Pero solo me encogí de hombros y cambié el tema». El niño suspiró. «Quisiera poder hablar sobre Jesús, pero nunca sé qué decir. ¡Siento que soy un fracaso!».

Esa noche, Darío oyó el sonido de una voz que salía de la habitación de su hermana mayor. «¿Con quién estará hablando Melania?», se preguntó. Entonces fue a ver quién estaba ahí y se sorprendió al encontrar a su hermana completamente sola. Ella estaba parada frente al espejo, hablando en voz alta.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Darío.

Melania se dio la vuelta y rio.

—Estoy practicando —contestó—. ¿Recuerdas cuando comencé con mis clases de oratoria? Las odiaba. Tenía miedo de pararme en frente de la clase, pero ¿sabes una cosa? ¡Ahora creo que me gusta!

—¿Ya no tienes miedo? —preguntó su hermano.

Melania se encogió de hombros.

—Un poquito, pero estoy tomando el consejo de mi maestro. Él dice que, así como tenemos que practicar para tocar un instrumento musical, también debo practicar si quiero convertirme en una buena oradora. Él nos dijo que debemos practicar, practicar, practicar; y eso es lo que hago —Melania volvió a mirar al espejo—. Siempre practico frente al espejo para poder observar cómo me miro y qué gestos debería utilizar. Sé que tal vez nunca seré una gran oradora, pero al menos estoy mejorando en expresar lo que quiero decir —ella sonrió a su hermano—. Puedes quedarte a escuchar mi discurso, si quieres.

—Gracias —expresó Darío—, pero creo que voy a pasar.

El niño se alejó cuando Melania empezó su discurso de nuevo. «Practicar», pensó Darío mientras se dirigía a su cuarto. «Eso es lo que debería hacer también».

Cuando Melania pasó frente a la habitación de Darío, unos minutos más tarde, él estaba frente a su espejo.

—Soy cristiano —decía el niño—. ¿Te puedo contar sobre eso? —él aclaró su garganta—. Soy cristiano —repitió—. Creo que en Jesús…

Melania sonrió y siguió caminando por el pasillo mientras Darío continuó practicando lo que iba a decir si alguien le preguntaba por qué iba a la iglesia.

HAZEL W. MARETT

PRACTICA CÓMO DEBES HABLAR SOBRE JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 145:21

MI BOCA PROCLAMARÁ LA ALABANZA DEL SEÑOR.

¿Tienes miedo de contar a otros que conoces a Jesús? ¿Te cuesta saber qué decir? Practica en casa. Trata de hablarte a ti mismo frente a un espejo. Después, cuando te hayas acostumbrado al sonido de tu propia voz al hablar de Dios, tal vez querrás practicar con un amigo o con uno de tus padres. Puede que al principio te parezca extraño, pero inténtalo. Y después habla de Jesús cada vez que tengas la oportunidad. ¡Cuéntales a otros lo que Jesús ha hecho por ti!

Clave de Hoy
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