Perdidos y encontrados

Lea se detuvo y miró a su alrededor en el centro comercial.  Se puso a llorar como si su corazón se fuera a romper.  “¿Estás perdida?”, escuchó que alguien le preguntaba.

La niña sollozaba mientras decía que sí con la cabeza.  Sabía que el hombre que la hablaba era un guardia de seguridad.  Su madre se lo había mostrado.  “Si alguna vez te pierdes”, le había advertido su madre, “pídele ayuda a un guardia de seguridad.  ¡No te vayas con nadie más!”

“¿Me llevará donde están los artículos perdidos y encontrados?”, preguntó Lea entre lágrimas. 

“Algo así”, le contestó el guardia con una sonrisa.  Lea se agarró fuertemente de su mano, mientras él la guiaba hacia el centro de información.  Allí llamaron a su madre por el altavoz.

La mamá de Lea llegó en pocos minutos, corriendo por el pasillo con lágrimas en sus ojos.  “Oh, mi vida”, exclamó su madre al arrodillarse para abrazar a su hija.  “¡Cuánto me alegra verte!  ¡Te he estado buscando por todos lados!”  La señora se volvió para agradecer al guardia por su ayuda.  Después tomó la mano de su hija y salieron del centro comercial.

“Soy como la ovejita de la historia bíblica que me leíste anoche”, comentó Lea mientras iban de regreso a casa.  “Ambas nos perdimos, y esa ovejita debe haber estado tan asustada como yo.  Tenía tanto miedo cuando estaba sola”.

“Lo sé”, afirmó mamá.  “¿Sabes una cosa?  Todos somos así”.

“¿Todos están perdidos?”, preguntó Lea.

“Hasta que conocen a Jesús, sí están perdidos”, respondió su madre.  “La oveja en tu libro se descarrió del pastor y la Biblia dice que todos nos hemos descarriado de Dios, todos hacemos lo malo y el pecado nos separa de Dios.  El pastor fue a buscar a la oveja perdida y Jesús vino a la tierra para buscarnos y salvarnos”.

“Un día, después de la escuela dominical, le pedí perdón a Jesús por mis pecados y le pedí que me salvara”, le contó Lea.  “Y Él me salvó, ¿verdad?”

“Claro que sí”, aseguró mamá.

“Y Él también estaba feliz, ¿verdad?”, preguntó La niña con una sonrisa.  “¡Como tú estabas feliz cuando me encontraste!”

La madre sonrió también.  “¡Por supuesto que sí!”, replicó.  “Hay gozo en el cielo cada vez que una ovejita es encontrada”.  —  CAROLYN E. YOST

QUE JESÚS TE ENCUENTRE PARA SIEMPRE

VERSÍCULO CLAVE: LUCAS 19:10

PORQUE EL HIJO DEL HOMBRE [JESÚS] HA VENIDO A BUSCAR Y A SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO.

¿Has pensado en ti mismo como alguien que se ha perdido?  Eso eres, si no conoces a Jesús como tu Salvador.  Pero Él vino a esta tierra para encontrarte, para “buscarte y salvarte”.  ¿Deseas poner tu confianza en Él?  Entonces ya no estarás perdido y nunca volverás a estar solo, porque Él siempre estará contigo.  ¡Por tu fe en Jesús hoy mismo!  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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