Parte de la familia

“Marcos, hoy es tu turno de ayudar con lo platos”, dijo el señor Pozo, mientras los niños terminaban de recoger los últimos restos de salsa de tomate con su pan de ajo.

“¿Por qué tengo que hace tantas cosas aquí?”, preguntó Marcos.

“Porque eres parte de la familia y todos los miembros ayudan con las tareas del hogar”, respondió el señor Pozo.

Marcos miró su plato.  “¿A pesar de que solo son mi familia de acogida?”

El señor Pozo miró al otro lado de la mesa, a la señora Pozo, y sonrió mientras los niños empezaban a llevar sus platos al lavadero.  “Marcos, ¿sabes por qué acordamos ser tus padres de acogida?”, preguntó.

“Bueno, ¡supongo que no fue por mi habilidad para lavar los platos!”

El señor Pozo se rio.  “¡Estás frío!  No nos importaba tu apariencia, tu forma de hablar, ni cuán inteligente fueras.  Te amamos aun antes de que te unieras a nuestra familia, porque Dios te creó a Su imagen y te trajo a nosotros”.

“¿Qué tiene eso que ver con que yo lave los platos?”, preguntó Marcos.

“Nos hacemos parte de la familia de Dios cuando confiamos en Jesús como nuestro Salvador, y ser parte de Su familia significa que nuestras acciones y nuestras palabras deben reflejar que somos Sus hijos.  No podemos ganarnos un lugar en Su familia, pero Él envió a Su Hijo para morir, de modo que podamos convertirnos en Sus hijos.  Él nos ama y quiere ser nuestro Padre celestial, y por eso queremos obedecerlo y servirlo.  No naciste en nuestra familia, pero, ya que ahora eres parte de ella, espero que quieras servirnos al ayudarnos a lavar los platos”.

Marcos llevó sus platos al lavadero y abrió la llave del agua caliente.  Mientras comenzaba a enjabonar la vajilla, se dirigió a los señores Pozo.  “Entonces, ¿está bien si no soy el más inteligente de la clase o el mejor del equipo de baloncesto?  ¿Ustedes me aman, pase lo que pase, y quieren que sea parte de la familia?”

“Claro que sí”, respondió el señor Pozo.  “No se trata de lo que hagas, Marcos.  No te enviaremos de regreso cuando metas la pata o cuando te equivoques.  Ahora eres parte de nuestra familia”.

Marcos no podía ocultar su sonrisa mientras volteaba para el lavadero y seguía lavando los platos para su familia que le amaba. EMILY SAXE

SOMOS PARTE DE LA FAMILIA DE DIOS

VERSÍCULO CLAVE: 1 JUAN 3:1

MIREN CUÁN GRAN AMOR NOS HA OTORGADO EL PADRE: QUE SEAMOS LLAMADOS HIJOS DE DIOS.

¿Cómo es tu familia?  A lo mejor te adoptaron, estás en acogimiento familiar o vives con tus parientes.  Sea cual sea tu situación, si confías en Jesús como tu Salvador, ¡serás parte de la familia de Dios para siempre!  Él te ama y te enseñará a obedecerle, pero nunca de desechará cuando te equivoques.  Si no eres parte de Su familia, puedes convertirte hoy en uno de sus hijos.  (Haz clic aquí para leer las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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