Nuevo campo misionero

Miguel se dejó caer en el sillón y suspiró.  Su madre le acababa de dar la noticia que más temía: tenían que mudarse otra vez.

—¡Esto siempre pasa cuando me empieza a gustar mi nueva escuela y comienzo a hacerme amigo de los otros niños!  ¿El ejército no sabe que ya nos hemos mudado suficientes veces?

—Sé cómo te sientes —expresó mamá—.  Yo solía sentirme igual que tú con esto de mudarnos tan a menudo.

—¿Y ya no te sientes así? —preguntó Miguel—.  ¿Ahora te gusta mudarte?

La madre negó con la cabeza.

—No, no puedo decir que me gusta que tengamos que mudarnos tan a menudo, pero tu papá y yo hemos decidido que cada vez que nos cambiamos de lugar significa que tendremos un nuevo campo misionero.

Miguel arrugó las cejas.

—¿Un campo misionero?

—El campo misionero es el lugar donde van los misioneros para contar a las personas sobre Jesús —explicó mamá—.  Y ya que todos los cristianos somos llamados a compartir el amor de Jesús con los demás, todos somos misioneros y nuestro campo misionero está dondequiera que Dios nos guíe.

Miguel suspiró.

—Para mí, la mudanza solo significa que tengo que renunciar a mis amigos, tratar de conocer gente nueva, ir a una nueva escuela, a una nueva iglesia donde no conozco a nadie… ¡otra vez!

Su madre asintió.

—Lo sé.  Esa parte tampoco me gusta. Pero ¿recuerdas cuando nos mudamos acá y la señora Enríquez nos visitó al día siguiente de nuestra llegada?

Miguel lo recordaba bien, especialmente porque ella había traído una bandeja enorme de galletas con chispas de chocolate.

—Cuando nos hicimos más amigas, pude invitarla a la iglesia y luego la guie a los pies de Cristo —indicó mamá.

Miguel también recordaba esos detalles.  Ahora toda la familia Enríquez asistía a la iglesia.

—Sé que las mudanzas son difíciles —afirmó su madre—, pero me ayuda mucho recordar que Jesús estará con nosotros y pensar en cómo Él puede usar este cambio para ayudarnos a guiar a más personas al Señor.  Me pregunto a quién nos pondrá en el camino esta vez.

Miguel se apoyó en el sillón y pensó en todas las mudanzas que habían tenido en los últimos años.  «Tal vez Dios me está enviando a diferentes lugares porque hay alguien en cada sitio que necesita un amigo», pensó.  El niño miró a su madre:

—Tal vez no sea tan malo mudarse, después de todo.

RUTH I. JAY

COMPARTE DE JESÚS DONDE ESTÉS

VERSÍCULO CLAVE: HECHOS 1:8 (NTV)

SERÁN MIS TESTIGOS, Y LE HABLARÁN A LA GENTE ACERCA DE MÍ EN TODAS PARTES… Y HASTA LOS LUGARES MÁS LEJANOS DE LA TIERRA.

¿Crees que Dios tal vez quiera que Lo sirvas como misionero algún día?  ¿Qué tal si lo haces ahora mismo?  El lugar donde vives es un campo misionero.  La gente que te rodea también necesita a Jesús.  A lo mejor el Señor quiera que tú seas quien les hable sobre Él.  Permite que Jesús te use dondequiera que estés, en la escuela, en la iglesia, en el parque de tu vecindario o en tu casa.  Sé un testigo para el Señor al contar a otros acerca de Él y demostrándoles Su amor.

Clave de Hoy
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