No le voy a dar una tarjeta a mi madrastra (Parte 2)

Trini salió y llamó a gritos a su hermano.  “Qué idea tan ridícula”, opinó, “¡enviarle flores a Eunice!  Ella no es nuestra mamá y no tenías ningún derecho de poner mi nombre en la tarjeta”.

“Me cae bien y pensé que debería recibir flores el Día de la Madre, pero no puse tu nombre en la tarjeta”, aseguró Esdras.  “Solo escribí que era de parte de su nueva familia”.

“Bueno, ella cree que yo estoy incluida”, señaló Trini.

“Eso es lo que quería”, contestó Esdras.  “Deberías dejar de tratarla como a una sirvienta.  Eh… Anoche los escuché orar a ella y a papá.  Eunice le pidió a Dios que te ayude a amarla como ella te ama a ti.  Confía en que Dios te va a ayudar a amar a Eunice”.

Trini se llenó de ira.  “Ella solo quiere que yo la vea como mi madre”, balbuceó.  “Bueno, ¡no es así!  ¡Ella no es mi madre!”

“No entiendo cuál es tu problema”, confesó Esdras.  “Antes que papá se casara, nos preguntó cómo nos sentíamos al respecto, ¿recuerdas?  Ambos estuvimos de acuerdo en que Eunice era buena gente y tú incluso dijiste que sería bueno tener a alguien que nos ayude a cocinar y ese tipo de cosas”.  El niño frunció el ceño.  “Y así es como la tratas… ¡como alguien que fue contratada para limpiar, cocinar y lavar la ropa!”

“No es verdad”, exclamó Trini mientras se daba la vuelta y entraba en la casa.  Pero ella sabía que Esdras tenía razón y eso le molestó toda la tarde.

“Perdóname, Señor”, susurró al fin.  “Yo sé que tú me amas y prometes que me ayudarás a amar a otros.  Por favor, ayúdame a mostrarle Tu amor a Eunice.  Creo que nunca voy a poder decirle ‘mamá’, pero debido a que Tú me has dado Tu Espíritu, yo sé que puedo amarla y actuar más como… como una hija cristiana”.

Un poco más tarde, Trini fue a buscar a su hermano.  “Toma, Esdras”, dijo luego de sacar un poco de dinero de su bolsillo.  “Si la nueva familia envió las flores, yo quiero pagar mi parte también”.  De repente, Trini se sintió mejor.

Al día siguiente, el Día de la Madre, la niña le dio un codazo cariñoso y una sonrisa genuina a su madrastra para que Eunice se levantara cuando el pastor pidió que todas las madres se pusieran de pie.  Eunice sonrió de oreja a oreja y se levantó.  —  RUTH I. JAY

ÁMENSE UNOS A OTROS

VERSÍCULO CLAVE: JUAN 13:34

UN MANDAMIENTO NUEVO LES DOY: QUE SE AMEN LOS UNOS A LOS OTROS.

¿Estás obedeciendo el mandamiento de Dios de amarnos unos a los otros?  Eso incluye a mamás, madrastras, padrastros y mucho más.  Si no lo has hecho, confiesa tu pecado a Jesús.  Él siempre te perdonará y te ayudará a amar a los otros como Él te ama.  Este Día de la Madre, muestra el amor de Jesús asegurándote de que tu mamá o madrastra sepa que le amas y aprecias los sacrificios que ella hace por ti.

Clave de Hoy
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