Labios sueltos

—Abuelita, ¿podemos explorar el ático? —preguntó Serena.

Un tiempo atrás, cuando los gemelos estaban visitando a sus abuelos, la abuelita los había llevado al ático para mostrarles algunas fotografías antiguas.

—Claro —respondió la anciana—. Pero asegúrense de dejar todo en su lugar.

Xander y Serena la pasaron muy bien rebuscando los viejos cofres en el ático. Serena rio al sostener un largo vestido negro que estaba cubierto con pliegues y volados.

—¿No crees que esta ropa vieja es graciosa?

—¡Sí! —afirmó Xander mientras se probaba uno de los viejos sombreros del abuelo. El niño abrió otro baúl—. ¡Mira! ¡Este baúl está lleno de cosas del ejército! El papá de nuestro abuelito estuvo en el ejército, así que estas deben ser sus cosas. Hay un uniforme, fotografías de soldados… ¡incluso algunas medallas! —él sostuvo en alto un afiche con una imagen de un barco hundido. En el fondo oscuro estaban impresas las palabras: «Los labios sueltos hunden barcos».

—Me pregunto qué significa esto —comentó Xander.

—Vayamos a preguntarle al abuelo —sugirió Serena.

Los niños bajaron por las gradas estrechas, sosteniendo con fuerza el antiguo afiche. Cuando le preguntaron sobre eso al abuelo, su cara se puso seria.

—Recuerdo que mi papá me habló de eso —aseguró—. Durante la Segunda Guerra Mundial, se llamaba “labios sueltos” a la gente que hablaba mucho y no cuidaba lo que decía. Estos letreros se ponían en las áreas donde se discutían los secretos militares. Eran un recordatorio de que podría ser desastroso hablar sobre los planes secretos o la ubicación de nuestras tropas y barcos. Si los espías enemigos descubrían estas cosas porque alguien no tuvo cuidado al hablar, eso hubiera significado la muerte para cientos de miles de marineros o soldados.

—¡Guau! —exclamó Xander—. ¡Solo imagínenlo! ¡Se podían perder cientos de vidas si alguien decía unas pocas palabras a la persona equivocada!

El abuelo sostuvo en algo el viejo afiche y lo miró pensativo.

—¿Saben? Los labios sueltos no siempre son malos. De hecho, a veces necesitamos soltar un poco nuestros labios para salvar vidas.

—A qué te refieres? —preguntó Serena, sorprendida.

—Dios nos ha confiado un mensaje muy especial: que Jesús murió por los pecados de todos y después resucitó de entre los muertos —explicó el abuelo—. No es un secreto y debemos compartirlo. Cuando la gente oye el evangelio y cree en Jesús, recibe la salvación y la vida eterna.

SHERRY L. KUYT

HABLA A OTROS SOBRE JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 40:9

HE PROCLAMADO BUENAS NUEVAS DE JUSTICIA EN LA GRAN CONGREGACIÓN; NO REFRENARÉ MIS LABIOS.

¿Qué tan sueltos son tus labios cuando tienes que contar a otros sobre Jesús? ¿Hablas sobre lo que Él ha hecho por ti? ¿O tienes los labios apretados cuando se trata de compartir las Buenas Nuevas de que Jesús murió y resucitó para salvarnos? La Biblia dice que las personas deben escuchar esas Buenas Nuevas para poder creer. No tengas miedo de hablar sobre Jesús.

Clave de Hoy
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