La lista de Gustavo

Gustavo tenía el ceño fruncido mientras subía lentamente las gradas.  Abrió la puerta y entró al apartamento, y vio la nota que su mamá le había dejado.  Tenía una lista con los quehaceres que tenía que realizar en casa.  El niño puso sus libros sobre la mesa.

—¡Odio estar solo en casa! —balbuceó.

Gustavo seguía refunfuñando cuando su madre llegó a la casa.

—Hola, hijo —saludó agotada al entrar.

Al oír a su mamá suspirar, Gustavo levantó la vista y miró cómo ella se frotaba la frente.

—¿Estás bien? —le preguntó—.  ¿Te duele la cabeza?

La madre trató de sonreír.

—Estoy bien.  Es solo que a veces la vida me abruma, entonces comienzo a sentir enojo y lástima por mí misma.

—Yo también estaba muy enojado —admitió Gustavo—.  Detesto estar solo.  Detesto que papá nos haya abandonado.  Detesto que tengas que trabajar tan duro.

De repente, los ojos de mamá brillaron.

—Tengo una idea —ella fue al refrigerador y sacó unas uvas.  Le entregó un racimo a Gustavo y se quedó con otro—.  En lugar de quejarnos, comencemos a pensar en lo bueno que es Dios.  Por cada uva que comamos, nombremos una bendición que Él nos ha dado —la madre sonrió y se metió una uva en la boca—.  Estoy agradecida por… la lavadora de ropa.

Gustavo estaba a punto de protestar, pero mamá sacudió su cabeza.

—Oh, está bien —expresó el niño—.  Estoy agradecido por… eh… estoy agradecido porque estás en casa.

—Yo también, y estoy agradecida porque tenemos un lugar para vivir y porque tengo trabajo.

—Estas uvas estás deliciosas —afirmó Gustavo antes de comer otra—, pero estoy agradecido por el microondas, para que puedas preparar rápido la cena.  ¡Tengo hambre!  ¿Podemos comer ya?

Su madre rio.

—Sí, y estoy agradecida porque tenemos comida para preparar y porque tú y yo tenemos un Padre celestial que nos provee lo que necesitamos.

—Yo también y … —Gustavo vaciló—.  Y agradezco que Jesús nos salvó, que nunca nos dejará.

Mamá se metió otra uva en la boca.

—Estoy agradecida porque Él sabe lo que estamos viviendo y podemos entregarle nuestras cargas.

Gustavo asintió.

—Jesús nos da todo lo que realmente necesitamos, ¿verdad?

—Así es —la madre abrazó a su hijo—.  Y estoy agradecida porque nos dio el uno al otro.  Podemos animarnos mutuamente a contar nuestras bendiciones.

V. LOUISE CUNNINGHAM

CUENTA TUS BENDICIONES

VERSÍCULO CLAVE: 1 TESALONICENSES 5:18

DEN GRACIAS EN TODO, PORQUE ESTA ES LA VOLUNTAD DE DIOS PARA USTEDES EN CRISTO JESÚS.

¿Sientes desanimo, soledad o enojo por las situaciones difíciles en tu vida?  Cuanto te sientas abrumado por las circunstancias con las que tienes que lidiar, trata de hacer una lista de las bendiciones que Dios te ha dado.  Cuando recuerdas Sus buenos regalos, especialmente el mejor regalo de todos, Jesús, puedes dar gracias aun cuando las cosas se pongan difíciles.

Clave de Hoy
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