Hermanas de repente

Silvana se bajó lentamente del autobús escolar, con miedo de entrar a su casa.  No era justo.  Tenía que compartir su habitación con Lea, la niña a la que todos se referían como su hermanita menor, pero no lo era.  Era hija del hombre con el que su mamá se había casado.  Ahora Silvana tenía una compañera de habitación y había perdido su privacidad.

Al momento que Silvana abría la puerta de la casa, su madre la llamó desde la cocina.  “Silvana, por favor, pasa por aquí antes de ir a tu habitación”.

Su mamá y su padrastro estaban sentados en la mesa de la cocina y otros adultos estaban ahí.  Ella los reconoció; eran personas de la iglesia.  Era evidente que su madre había estado llorando.  “Y ahora, ¿qué?”, dijo Silvana bruscamente.

Los últimos años habían sido duros para Silvana.  Sus padres se divorciaron cuando tenía ocho años y su mamá se casó con Guillermo justo antes de que Silvana cumpliera los diez.  Unos meses des pues, la hija de siete años de Guillermo, Lea, vino a vivir con ellos.  A la mamá de Lea le diagnosticaron un cáncer y le costaba cuidar a la niña.  Silvana se preguntaba qué malas noticias recibiría esta vez.

“La mamá de Lea falleció esta mañana”, explicó su madre con delicadeza.  “Ella está arriba y le vendrían bien unas palabras de consuelo”.

El corazón de Silvana se conmovió un poquito.  No estaba preparada para ayudar a Lea con un problema como este.  Todavía estaba tratando de ver a Lea como familia.  “¿Qué puedo hacer?”, preguntó.

“Sé su hermana”, contestó mamá.  “Sé que te ha costado mucho ajustarte a que ella esté aquí, pero eso es lo que ella necesita ahora: una hermana, una hermana en Cristo que la ame”.

Silvana subió las gradas pesadamente y abrió la puerta de la habitación.  Lea corrió hacia ella y la abrazó fuertemente.  Silvana la miró y, por primera vez, sintió amor por su nueva hermana.

“¿Estás bien?”, preguntó Silvana.

“Sí”, dijo Lea entre lágrimas.  “Mi mamá estaba muy enferma, pero ahora está con Jesús”.  La niña levantó su mirada para ver a Silvana.  “Me sentía tan sola antes de venir acá, pero ahora comparto la habitación contigo.  Todas las noches le doy gracias a Jesús por darme una hermana mayor para que yo no esté sola”.

Silvana se dio cuenta, por primera vez, cómo Lea pensaba tan diferente sobre el hecho de que ambas compartieran la habitación.  “También me alegra que seamos hermanas”, aseguró.  Y, por primera vez, lo dijo de corazón. – JO UPTON

ÁMENSE UNOS A OTROS

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 12:10 (NBV)

ÁMENSE CON CARIÑO DE HERMANOS.

¿Has tenido que aceptar en tu vida a alguien que te haya traído cambios que no querías?  A menudo Dios trae personas a nuestras vidas para que podamos ayudarnos unos a otros durante los tiempos difíciles, a través de nuestra familia terrenal y nuestra familia espiritual, la iglesia.  Todos los que confían en Jesús son parte de Su familia, y Él nos ayuda a amar a nuestros hermanos y hermanas, incluso cuando es difícil.

Clave de Hoy
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