Hábitos de hospitalidad

Ana se miró rápidamente en el espejo mientras Felicia daba volteretas con su nueva falda.

—¡Niñas! —las llamó su madre—. ¡Nuestra visita está por llegar!

Las hermanas soltaron una risita traviesa y salieron corriendo por el pasillo. Unos minutos más tarde, la señora Quezada llegó con su hija, Belinda, que era de la misma edad de las niñas, y su hermanita menor, Samanta. Las hermanas llevaron a Belinda a su habitación para jugar y Samanta las siguió, caminando a tropezones. Lo primero que la pequeña Samata hizo cuando entró a la habitación de las niñas fue tomar el nuevo gatito de peluche de Felicia y apachurrarlo con todas sus fuerzas.

Felicia exclamó con espanto:

—¡Samanta! ¡No! ¡Por favor, deja mi gatito! —ella tomó su peluche de las manos de la pequeña y lo puso fuera de su alcance.

Diez minutos más tarde, las niñas estaban teniendo una fiesta de té cuando Samanta accidentalmente chocó con la mesa y los platos que pusieron con tanto cuidado cayeron al piso.

—¡Samanta! —dijo Ana con tono severo—. ¡Estás arruinando todo!

—La llevaré de vuelta con mi mamá —declaró Belinda en voz baja. Ella llevó a su hermanita menor, tomándola de la mano, para sacarla de la habitación.

Mientras la señora Quezada cambiaba el pañal de Samanta, la madre de Ana y Felicia fue a ver cómo estaban sus hijas.

—¿Cómo va todo, niñas?

Felicia suspiró.

—Belinda es agradable y todo lo que quieras, ¡pero su hermanita está arruinando todas nuestras cosas!

—Sí —agregó Ana—. ¡Casi rompe mi pony favorito!

—Hijas, ¿recuerdan el versículo que aprendimos esta mañana? ¿Primera de Pedro 4:9?

—«Practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse» —balbucearon las niñas al mismo tiempo.

Mamá asintió.

—Jesús sacrificó todo para recibirnos con los brazos abiertos como parte de Su familia, y la hospitalidad es una de las maneras en que demostramos Su amor a los demás. ¿Creen que la forma en que estaban actuando con Samanta fue hospitalaria?

Las niñas miraron al piso y negaron con la cabeza.

—Bueno, ¿cómo pueden arreglar las cosas? —preguntó su madre.

—¡Espera y lo verás! —contestó Felicia con una sonrisa.

Cuando Belinda y Samanta entraron a la habitación, unos minutos después, las niñas se arrodillaron junto a la pequeña y le ofrecieron dos de sus peluches favoritos.

—Acaríciale la cabeza, Samanta —expresó Felicia, entregándole su gatito de peluche—. Es tan esponjoso.

Samanta acarició la cabeza del gatito y rio.

Mamá sonrió y se dirigió a la puerta.

—Ahora, si me disculpan, ¡debo ir a compartir mis galletas favoritas con la señora Quezada!

Savannah Coleman

PRACTICA LA HOSPITALIDAD

VERSÍCULO CLAVE: 1 Pedro 4:9 (NVI)

PRACTIQUEN LA HOSPITALIDAD ENTRE USTEDES SIN QUEJARSE.

¿Te cuesta compartir tus juguetes especiales o tus golosinas favoritas cuando otros vienen a visitarte? Una excelente manera practicar la hospitalidad es recordar dos cosas: 1) La gente siempre es más importante que las cosas, y 2) Dios nos dio todo lo que tenemos para que lo usemos para demostrar Su amor a los demás. Cuando abrimos nuestros hogares a otros, también les abrimos nuestro corazón.

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