Gente con hambre

“La Iglesia de la Biblia Abierta”, leyó Santiago el momento en que su padre arrancaba el automóvil.  “¡Vaya que nos equivocamos con esta iglesia!”  La familia estaba de vacaciones y, cuando buscaron una iglesia para asistir, les pareció que el nombre de esta iglesia indicaba que la predicación estaría basada en la Palabra de Dios.  “La gente ni siquiera traía Biblias”, comentó el niño, “y tampoco había Biblias en las bancas”.

“No, pero nadie hubiera necesitado una Biblia”, opinó su hermana, Valentina.  “De lo único que habló el pastor fue de lo importante que era elegir un buen alcalde”.

“Tienen razón”, afirmó papá, “y eso es muy triste.  Una de las razones más importantes por las que vamos a la iglesia es para aprender sobre Jesús en Su Palabra”.

Al día siguiente, Valentina miró por la ventana mientras conducían por la carretera.  “Ese letrero dice que hay una cuidad en 8 kilómetros”, señaló.  “¿Podríamos parar ahí a comer?  ¡Tengo hambre!”

“Yo también”, declaró Santiago.  Pero cuando se acercaron a la ciudad, el niño suspiró al ver que había otro letrero antes de la salida, que indicaba que había combustibles disponibles, pero no alimentos ni hospedaje.  “No hay restaurantes”, se quejó Santiago, “¡y me estoy muriendo del hambre!”

“Esta ciudad debe ser muy pequeñita”, aseguró Valentina, quien recordó una cancioncita que solían cantar los niños en el comedor de los campamentos.  “Estamos sentados como pajaritos en el desierto”, cantó, y Santiago cantó también.  “Que esperan su alimento”, terminaron juntos.

Su padre sonrió.  “No nos está yendo tan bien, ¿verdad?  Ayer nos sentamos en esa iglesia como pajaritos en el desierto que esperaban su alimento espiritual, pero no recibimos nada.  Ahora llegamos a una ciudad que no tiene un lugar para que comamos”.

Mamá asintió.  “Tenemos hambre en dos sentidos… queremos almorzar y también deseamos nutrirnos espiritualmente al oír la Palabra de Dios y recordar Su amor y Sus promesas”.

Santiago se sentó derecho.  “¡Miren!  ¡Puedo ver un par de vallas que anuncian que hay restaurantes en la próxima cuidad!”

“¡Qué bien!”, expresó Valentina.  “Tal parece que no moriremos de hambre”.

“No”, indicó papá, “y tampoco moriremos de hambre en lo espiritual.  Podemos leer nuestras Biblias todos los días.  Y pronto volveremos a nuestra propia iglesia”.  — LINDA M. WEDDLE

ASEGÚRATE DE NUTRIRTE DEL ALIMENTO ESPIRITUAL

VERSÍCULO CLAVE: 1 PEDRO 2:2

DESEEN COMO NIÑOS RECIÉN NACIDOS, LA LECHE PURA DE LA PALABRA, PARA QUE POR ELLA CREZCAN PARA SALVACIÓN.

¿Alguna vez has tenido que saltarte una comida?  ¿Sentiste hambre?  ¿Hay veces en que te saltas la comida espiritual?  Eso también te dejará con hambre… hambre de oír más sobre Jesús.  No descuides tu vida espiritual.  Dios quiere que estés saludable espiritualmente y tomar la “leche pura de la Palabra” te ayuda con eso.  Así que ve a la iglesia y también lee la Biblia por tu cuenta.  Escucha las nutrientes palabras que Jesús quiere que oigas.

Clave de Hoy
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