El juego de la comparación

“¿Por qué mi niña favorita de nueve años está tan triste hoy?”, preguntó mamá cuando notó la cara larga de Nina.

“Oh, mamá”, explicó la niña.  “¡No soy buena para nada!  ¡No puedo cantar como Flavia y no puedo tocar el piano ni la mitad de bien que Clara!”

“Pero cantas y tocas el piano muy bien”, opinó su madre, “y sé de otra cosa para la que eres muy buena: para ayudarme a poner el almuerzo en la mesa.  Tu papá viene hoy a almorzar”.

Niña ayudó a su madre a terminar de preparar el almuerzo.  Cuando papá llegó a casa y empezaron a comer, Nina hizo algunos comentarios sobre no ser buena para nada, pero parecía haber olvidado su tristeza.

Para sorpresa de Nina y de su madre, papá se sentó en el piano después del almuerzo.  Empezó a golpear las teclas mientras, en juego y haciendo mucho ruido, cantaba desafinado.  Niña rio y se tapó las orejas con sus manos.  “Papá, ¡por favor!”, gritó.  “¡Ten piedad de nuestros oídos!”

El padre dejó de tocar y fingió sentirse ofendido.

“Nina”, indicó mamá, “dijiste que no podías tocar bien el piano, ¿recuerdas?  Pero todo depende de con quién te compares.  En comparación con tu padre, tocas muy bien”.

La niña rio cuando papá fingió verse triste.  “Bueno, quizá”, admitió, “pero no soy buena para los deportes como papá”.

“¡Pero eres mucho mejor para los deportes que yo!”, respondió su madre.

“Tal vez, pero haces otras cosas mejor que yo”, aseguró Nina.  “Como decorar pasteles… me gustaría poder hacerlo”.

“Podríamos seguir en este juego todo el día”, señaló su madre.  “¿No te das cuenta de lo que estás haciendo, hija?  Constantemente te comparas con los demás, en lugar de abrazar los dones que Dios te ha dado.  Él nos creó a cada uno de nosotros con diferentes talentos y habilidades para que podamos mostrar Su amor a otros de una forma única.  En lugar de entrar en el juego de la comparación, enfócate en utilizar tus propios dones para servir al Señor.  Todas nuestras habilidades vienen de Él y Él te ayudará a usarlas para Su gloria y para dirigir a otros a Jesús”.

Papá asintió para mostrar que estaba de acuerdo.  “No desperdicies tu tiempo comparándote con tus amigas… o tus padres”, dijo guiñando el ojo.  “Solo sé la persona que Dios quiere que seas: ¡tú misma!”  —  RAELENE E. PHILLIPS

SÉ TÚ MISMO

VERSÍCULO CLAVE: 1 PEDRO 4:10

SEGÚN CADA UNO HA RECIBIDO UN DON ESPECIAL, ÚSELO SIRVIÉNDOSE LOS UNOS A LOS OTROS.

¿Das gracias a Dios por los talentos que Él te ha dado?  ¿O entras en el juego de las comparaciones, fijándote en los demás y queriendo ser como ellos?  Dios no te creó para que seas como otros, ¡te creó para que seas tú!  Enfócate en encontrar y desarrollar tus talentos y las habilidades que te dio.  Luego usa esos dones únicos para servir a Dios.

Clave de Hoy
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