El calientasillas

“Voy a renunciar al baloncesto”, anunció Teo terminantemente cuando su papá entró a la habitación.  “¿Vas a renunciar?”, preguntó el papá.  “¡Pero tu mayor deseo era llegar a ser parte del equipo!”

Teo frunció el ceño.  “Solo soy el calientasillas.  El entrenador Aldo casi nunca me deja jugar”.

“Bueno, todavía no, pero me dijo que tienes un gran potencial”.

“Si soy tan bueno, ¿por qué no me deja jugar más?”, preguntó Teo.

“Los jugadores más grandes tienen más experiencia”, respondió el papá, “y el entrenador Aldo naturalmente usará a sus mejores jugadores cuando sea necesario para ganar”.

“Yo puedo jugar tan bien como ellos”, exclamó Teo.  “O así sería, si pudiera salir a jugar en más partidos.  ¡Ya casi se acaba la temporada de baloncesto por este año!”

“Solo ten paciencia”, le aconsejó papá.  “Todos debemos esperar con paciencia alguna cosa”.

Teo se cruzó de brazos.  “¡Ya he esperado lo suficiente!”

Papá se rascó la quijada.  “¿Recuerdas al Rey David, en la Biblia?  Él también era un calientasillas”.

Teo hizo un gesto de hastío.  “Papá, ¡el Rey David jamás jugó baloncesto!  En ese tiempo no existía”.

“No, pero podemos decir que él estuvo calentando la silla por mucho tiempo.  Cuando David era niño, el profeta Samuel lo ungió para ser rey, pero tuvo que esperar unos 20 años antes de realmente convertirse en rey”.

“Sí, pero ser rey es importante.  Era algo que Dios había prometido que pasaría”, señaló Teo.  “No creo que a Dios le importe si juego baloncesto o no”.

“Yo creo que sí le importa”, indicó su papá.  “Él nos dio nuestros dones y usualmente Él los usa para moldearnos y hacernos más como Jesús.  Aprender a jugar baloncesto involucra mucho más que tener el control de la pelota y encestar.  Un buen jugador también sabe cuándo es mejor lanzar o pasar la pelota y para eso se requieren otras destrezas, destrezas como la paciencia.  Creo que Dios está usando esta experiencia para enseñarte a ser más paciente.  Ahí serás un mejor jugador de baloncesto y un cristiano más maduro”.

“Supongo que sí”, dijo Teo, pensativo.  Luego se puso de pie.  “¿Qué tal si jugamos una partida tú y yo, papá?”

El padre sonrió.  “¿No vas a renunciar?”

“¿Yo?  ¡Jamás!”, exclamó Teo.  “Me encanta el baloncesto y quiero seguir mejorando”.  El niño puso una sonrisa.  “¡Solo espero no tener que esperar 20 años para jugar más partidos!” JOYCE R. LEE

APRENDE A SER PACIENTE

VERSÍCULO CLAVE: GÁLATAS  5:22 (DHH)

LO QUE EL ESPÍRITU PRODUCE ES AMOR, ALEGRÍA, PAZ, PACIENCIA, AMABILIDAD, BONDAD, FIDELIDAD. 

¿Te siente como si fueras un calientasillas?  A lo mejor tu entrenador no te deja jugar o tus padres no te permiten hacer algo para lo que crees que estás listo.  Cuando suceden cosas así, recuerda que Jesús utiliza las experiencias cotidianas para moldearte y hacerte más como Él.  Piensa en lo que Dios podría estar enseñándote en la situación con la que estás lidiando; luego pídele que te dé paciencia mientras Él te ayuda a aprender y a crecer.

Clave de Hoy
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