De compras

Amparo observó lo que había en la tienda con curiosidad.  Este almacén no se parecía a las tiendas en las que ella y su madre usualmente hacían sus compras.

—Mamá, ese letrero dice «mercado de pulgas».  ¿Qué significa eso?

—Es una tienda en la que puedes comprar algunas cosas, por ejemplo, ropa, a precios bajos, porque no son nuevas, pero están en buen estado.

Amparo frunció el ceño.

—¿Vamos a comprar ropa usada?

—Sí, así es.  A ti te encanta cuando tus primas mayores te regalan su ropa que ya no les queda.  Esa también es ropa usada.

—Sí, pero sé quién usó antes esa ropa —comentó Amparo.

—¿Recuerdas que ayer te dije que se incendió una casa cercana? —preguntó la madre—.  La familia que vivía ahí tiene cuatro hijos.  Perdieron todo.

Amparo quedó boquiabierta.

—¿Todo?

—Ropa, muebles, juguetes, libros… sí, todo.  Solo se quedaron con la ropa que traían puesta.  Papá y yo queremos ayudar, pero no nos alcanza el dinero para comprar ropa nueva para cuatro niños.  Por eso quiero ver qué encontramos aquí.  La hija mayor es de tu talla.  ¿Qué te parece si me ayudas a encontrar unos pantalones y blusas para ella?

A Amparo todavía no le encantaba la idea de ponerse ropa usada, pero después de buscar un poco, encontró algunas prendas que se veían muy bien.

—Mamá, estos jeans son totalmente nuevos; todavía tienen las etiquetas de la tienda.  ¡Pero aquí solo cuestan tres dólares!

Después de un rato, Amparo y su madre encontraron ropa suficiente para llenar una bolsa grande para cada uno de los niños con pantalones, camisetas, chaquetas y pijamas. 

—Esto fue más divertido de lo que creí.

—Creo que a los niños les gustará esta ropa —aseguró mamá—.  La tía Susana vino aquí hace poco y encontró zapatos deportivos casi nuevos para cada niño, y también unas pantuflas calientitas.  Y la señora Aurelia de la iglesia les compró calcetines nuevos y ropa interior.  ¿No te parece genial?

—Sí.  Todavía se me hace raro comprar cosas para personas que no conocemos.  Además, tú y mi papá siempre dicen que no hay mucho dinero.

—Sí, no tenemos mucho dinero.  Pero la Biblia nos dice que no solo nos enfoquemos en nosotros mismos, sino que busquemos los intereses de los demás.  Jesús nos ayudó cuando necesitábamos ser salvos del pecado, y quiere que ayudemos también a otros.  A lo mejor, al ayudar a alivianar la carga de esta familia, podemos demostrarles el amor de Jesús.  ¿Lo comprendes?

Amparo asintió y abrazó a su madre.

—Estaba pensando… yo tengo muchos juguetes y libros que a estos niños tal vez les gustará. 

TERESA AMBORD

AYUDA A LOS DEMÁS

VERSÍCULO CLAVE: 1 JUAN 3:17 (NTV)

SI ALGUIEN TIENE SUFICIENTE DINERO PARA VIVIR BIEN Y VE A UN HERMANO EN NECESIDAD PERO NO LE MUESTRA COMPASIÓN, ¿CÓMO PUEDE ESTAR EL AMOR DE DIOS EN ESA PERSONA?

¿Conoces a alguien que necesita ayuda?  No es necesario que seas adulto para ayudar a otros, pero dependiendo de la situación, es probable que tengas que preguntarles a tus padres si está bien.  Si ves a uno de tus compañeros en la escuela que no lleva su almuerzo, a lo mejor podrías compartir tu sándwich con esa persona.  Si ves que alguien sufre de acoso escolar, cuéntaselo a un adulto y considera hacer amistad con ese compañero.  Trata de fijarte en las necesidades de otros y busca la manera de ayudarlos.

Clave de Hoy
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