Cristales escondidos

Reyna observaba mientras la señora Martínez sostenía en algo una piedra fea y áspera para que los alumnos de su clase de Ciencias la vieran.  “Esta piedra se ve aburrida y simplona, ¿verdad?”

Luego le dio la vuelta.  La roca había sido cortada y la clase pudo ver hermosos cristales brillantes en su interior.  “Este tipo de piedra se llama geoda”, indicó la señora Martínez, “y tengo un pedacito de geoda para cada uno de ustedes”.  La maestra entregó una caja al niño sentado en la primera fila.  “Cuando les pasen la caja, tomen una piedrecita”.

Reyna estaba fascinada.  Esa sería una buena adición para su colección de rocas.  Ella seleccionó uno de los pedacitos y después pasó la caja a Clara, quien se sentaba detrás de su asiento.  Ella miró rápidamente los grandes dientes torcidos y el cabello castaño despeinado de Clara, antes de voltearse nuevamente hacia el frente.  Clara iba a la iglesia de Reyna, pero esta jamás se había interesado en conocerla mejor.

Cuando Reyna corría por las gradas de la escuela, al final del día, alguien se tropezó con ella.  Sus libros se desparramaron por las escaleras y sus papeles se dispersaron por todos lados.  La persona que chocó con ella ni siquiera se detuvo, ni muchos otros niños que también estaban saliendo.

Reyna se agachó para recoger sus pertenencias esparcidas.  “Déjame ayudarte”, dijo una voz por detrás.  Reyna levantó la vista y miró a Clara, de rodillas, junto a ella, recogiendo los papeles del piso.

“Gracias”, dijo Reyna.  Estaba tan sorprendida que no se le ocurrió otra cosa que decir, mientras recogían el resto de sus cosas.

“Oh, ¡aquí está tu piedra!”  Clara levantó el pedacito de geoda de la última grada y se la entregó a Reyna.  “Me gustan las rocas.  Son interesantes, ¿no crees?”

“Sí, a mí también me gustan”, respondió Reyna, tomando la piedrecita.  Mientras miraba a Clara, le vino un pensamiento.  “Las personas pueden ser como las geodas… puede que no se vean muy bonitas por fuera, pero eso no es importante.  Todos esos cristales escondidos dentro de las geodas es lo que las hacen tan hermosas.  Así debe ser como Dios ve a Clara.  Ella es hermosa porque ama a Jesús.  Y así debo verla yo también”.

Reyna le sonrió a Clara.  “¿Te gustaría venir a mi casa para ver mi colección de rocas?”, preguntó.

El rostro de Clara se iluminó con una sonrisa.  “¡Qué genial!”JANE K. CHASE

 

NO JUZGUES A LOS DEMÁS POR SU APARIENCIA

VERSÍCULO CLAVE: JUAN 7:24

NO JUZGUEN POR LA APARIENCIA, SINO JUZGUEN CON JUICIO JUSTO.  

¿Escoges a tus amigos por su apariencia?  ¿Ignoras a las personas que los demás consideran poco atractivos o poco populares?  Dios ve a cada persona como un ser humano creado a Su imagen y Él valora más lo que hay en el corazón de cada uno, si es que ha sido limpiado y embellecido por Jesús.  Así que no juzgues a los demás por lo que ves en el exterior.  En vez de eso, muestra el amor de Jesús a todos los que te rodean.

Clave de Hoy
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