¿A quién amas?

“¡Mira, abuelita!  ¡Nubes de conejito!”, declaró Tania, su nieta de cuatro años.  Zacarías y la anciana compartieron una sonrisa en el espejo retrovisor.  La pequeña tenía un conejito en la casa de su abuela y, al parecer, ella comía, respiraba y soñaba con conejos.

Mientras la anciana preparaba la cena esa noche, Zacarías tomó su tableta y se sentó para deslizar la pantalla con fotografías de motocicletas todoterreno y soñar con una para la que estaba ahorrando.  Tania salió para alimentar a manchas, el conejo.  La abuela se paró frente al lavaplatos para limpiar arvejas y cantar himnos.

“Tania tiene a Manchas en su regazo… probablemente le está contando alguna historia”, comentó la abuela después de un minuto.  “Es tan amorosa y fiel con su mascota.  Eso me recuerda un poquito del amor de Dios y Su fidelidad para nosotros”.

Sin pensarlo, Zacarías opinó: “Eres peor que Tania, abuela.  Ella siempre está hablando de conejos, ¡y tú siempre hablas de Dios!”  El niño se tapó la boca instintivamente, preguntándose si la anciana se había enojado.

Su abuela rio.  “Supongo que tienes razón.  Aquello que amas siempre estará en tu mente.  Jesús tiene todo mi corazón, así que no puedo evitar pensar en Él y alabarlo”.

La abuela le decía con frecuencia a Zacarías que Jesús lo amaba, pero él no había pensado mucho en eso.  ¡Por ahora solo quería una motocicleta todoterreno!  Sin embargo, las palabras de su abuela le hicieron reflexionar. “¿Está mal que yo piense en algo que no sea Dios?”, preguntó.

“No”.  La anciana se sentó junto a Zacarías.  “Todos pensamos en distintas cosas cada día, y Dios nos ha dado intereses naturales y habilidades.  A mí me encanta cultivar flores; Tania ama a Manchas.  Podemos encontrar gozo en estas cosas.  Pero Jesús quiere nuestros corazones.  Él nos ama y murió por nosotros, y cuando retribuimos Su amor, eso cambia la forma en que vemos el mundo”.  La abuela abrazó a su nieto.  “¿Quién o qué es dueño de tu corazón, Zacarías?”

“No… no sé”, respondió el niño.  “¿Será que la motocicleta es la dueña de mi corazón?”, se preguntó.  Esa idea le parecía absurda.  En ese momento supo que no quería que la motocicleta fuera su dueña.  “Quiero que Jesús sea el dueño de mi corazón”, admitió.  “¿Me ayudas a hablar con él?”  —  LISA NAGEL

JESÚS QUIERE SER EL DUEÑO DE TU CORAZÓN

VERSÍCULO CLAVE: MATEO 22:37

AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE.

¿Quién o qué es dueño de tu corazón, de tu amor?  Está bien que te interesen distintas cosas, pero Jesús quiere tu corazón.  Él murió y resucitó para salvarte, y te ama muchísimo.  Cuando amas a Jesús, Él te ayuda a ver que es más importante que cualquier otra cosa.  Entrégale tu corazón al confiar en Él.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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