Antes que se ponga el sol

“¡Ricardo me hace enojar tanto!”, le contó Emilia a su papá.  “Se portó muy cruel conmigo después de que me caí durante mi carrera.  ¡Me dijo que soy un completo fracaso!  Tengo ganas de darle una buena patada y de gritarle en su cara”.

“Quizá sea bueno que le digas que estás enojada por eso”, sugirió su papá.

“¿Tú crees?”, preguntó Emilia.  “Creí que no podíamos enojarnos con otras personas”.

“Bueno, probablemente no debas patear y gritar”, explicó su padre.  “Eso sería ir demasiado lejos.  Pero todos nos enojamos de vez en cuanto y, con frecuencia, con toda razón.  Me parece que deberías decirle a Ricardo cómo te sientes.  La Biblia dice que no deberías dejar que el sol se ponga mientras sigues enojada.  Jesús quiere que perdonemos a otros cuando nos hacen daño y que admitamos nuestro enojo enseguida, y hablar sobre estas cosas nos ayuda con eso”.

Emilia reflexionó en las palabras de su papá.  “Solo hablar, pero no patearle, ¿no?  Supongo que podría intentar”.

Pero la niña no podía acumular el valor para hacerlo.  Entonces, cuando Emilia fue a acostarse esa noche, seguía enojada y no podía dormir.  Después de permanecer despierta por un rato, de repente dio un brinco, se dirigió a la habitación de su hermano y encendió la luz.  “¡Estoy muy enojada contigo!”, expresó.

Ricardo se dio la vuelta.  “¡Vete!”, balbuceó somnoliento en su almohada.

“¿Qué me quisiste decir con eso de que soy un fracaso total?”, demandó Emilia.  “¿Por qué dijiste que soy una mala corredora?”

Ricardo se volvió a su hermana, con los ojos medio cerrados mientras se acostumbraba a la luz.  “No lo dije en serio”, confesó.  “Solo te estaba probando, pero no debí hacerlo.  Perdóname”.  El niño se cubrió con las cobijas.  “Ahora vete y déjame dormir.  Y será mejor que duermas también, si quieres venir a correr conmigo mañana en el parque”.

Emilia puso mala cara.  “¡Deja de decirme lo que tengo que hacer!  Siempre me estás diciendo…. Oye, espera, ¿dices que puedo ir mañana contigo al parque?”, preguntó, sorprendida.

Ricardo la miró: “Sí”, murmuró.  “Buenas noches, Emilia”.

“Buenas noches, Ricardo”.  Emilia sonrió mientras se dirigía a su habitación.  Ya no estaba enojada.  Ahora ya podía dormir. – A. W. SMITH

ARREGLA TUS DIFERENCIAS ANTES DE IR A DORMIR

VERSÍCULO CLAVE: EFESIOS 4:26 (NVI)

«SI SE ENOJAN, NO PEQUEN». NO PERMITAN QUE EL ENOJO LES DURE HASTA LA PUESTA DEL SOL.

¿Te das permiso de sentirte enojado con alguien en lugar de comunicarle que te hirió?  Puede que tengas una buena razón para enojarte, pero no dejes que ese enojo se acumule y se convierta en un obstáculo para el perdón.  Ora y conversa con la persona que te hizo enojar.  A veces podrías buscar también la ayuda de uno de tus padres o algún maestro.  Arregla el asunto antes de que vayas a dormir.

Clave de Hoy
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