Fruto inesperado

—¡Mamá! ¡Papá! —gritó Julián al entrar corriendo a la casa—. ¡Vengan! ¡Rápido! ¡Creo que está creciendo una sandía en el patio trasero!

—¿De veras? —preguntó papá—. La tierra del patio es tan pobre y rocosa. No creo que una sandía podría crecer ahí.

—¡Pero hay una! —insistió Julián—. Vengan y vean.

—Ya lo veremos más tarde —indicó su padre—. En este momento tenemos que ir al refugio para personas sin hogar; no queremos llegar tarde para la capilla.

La familia del niño había acordado liderar la capilla del refugio una vez al mes.

—Oh, bueno —expresó Julián. El niño fue a su habitación para tomar su trompeta y las partituras de las canciones que iba a tocar en el refugio.

De camino a casa, un par de horas después, se pusieron a hablar sobre el servicio en la capilla.

—Creo que nadie estaba poniendo atención hoy —opinó Julián—. Creo que fue un desperdicio de tiempo que vayamos allá.

—Compartir el evangelio nunca es un desperdicio de tiempo —aseguró su madre—. Alguien que no parece interesado en realidad podría estar listo para confiar en Jesús como su Salvador.

Tan pronto como llegaron a la casa, Julián persuadió a sus padres para que fueran a ver la planta de sandía. En efecto, había una enredadera con una sandía muy pequeña.

—Esto debe haber crecido de una de las semillas que arrojamos aquí el año pasado —comentó Julián.

—Creo que tienes razón —afirmó mamá—. He pensado en plantar un huerto aquí, pero no creí que la tierra fuera buena para sembrar nada. Supongo que estaba equivocada. Parece que una de esas semillas cayó en una tierra que era perfecta para la sandía. Si sigue creciendo, vamos a obtener frutas que no esperábamos.

—Hoy también arrojamos otro tipo de semilla… la semilla de la Palabra de Dios —declaró papá—. Como dijiste, hijo, parecía que nadie en el refugio para personas sin hogar estaba poniendo mucha atención, pero no sabemos la condición de los corazones de estas personas. Es posible que la semilla que hayamos sembrado ahí traiga también un fruto inesperado.

—¿Te refieres a que algunas de esas personas todavía podrían confiar en Jesús por lo que oyeron hoy? —preguntó Julián.

Papá asintió.

—Jesús ama a estas personas y murió por ellos, tal como nos ama y murió por nosotros. Oremos para que Dios haga que las semillas que arrojamos hoy crezcan en sus corazones y produzcan fruto.

NANCE E. KEYES

SIGUE ESPARCIENDO LA PALABRA DE DIOS

VERSÍCULO CLAVE: MARCOS 4:8

OTRAS SEMILLAS CAYERON EN BUENA TIERRA, Y CRECIENDO Y DESARROLLÁNDOSE, DIERON FRUTO.

¿Sientes que es inútil compartir el evangelio, especialmente con las personas que no parecen interesadas? La parábola del sembrador en Marcos 4 nos dice que la semilla de la Palabra de Dios cae en muchos tipos de tierra en los corazones de las personas. No puedes ver qué clase de tierra tiene alguien en su corazón, pero sigue compartiendo las Buenas Nuevas de Jesús… nunca sabes cuál corazón está listo para confiar en Él.

Clave de Hoy
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