Ropa nueva

Camilo y Cecilia se sonrieron el uno al otro cuando su madre estacionó el automóvil en la costa arenosa del lago. Los niños tomaron sus palas, salieron corriendo a la orilla del agua centelleante y empezaron a crear castillos con fosos profundos en la arena.

De repente, Camilo dio un grito de dolor y se tapó los ojos.

—¿Qué pasó, hijito? —preguntó mamá.

Camilo apuntó con un dedo acusador a su hermana.

—¡Cecilia me lanzó arena a los ojos a propósito! —la madre enjuagó con mucho cuidado los ojos de su hijo con agua limpia—. Gracias, mamá —el niño corrió a toda velocidad para lanzarse a las aguas tentadoras.

—Cecilia, por favor, ¿podrías venir acá?

La niña dejó a un lado su pala rosada y se sentó junto a su madre con un suspiro.

—¿Qué es lo que acaba de pasar con tu hermano? —preguntó mamá.

—Bueno, creo que se molestó porque accidentalmente le lancé arena.

Los ojos de su madre se abrieron por la sorpresa.

—¿Accidentalmente?

—¡Sí!

—¿eso es lo que le dirías a Jesús? —preguntó su madre con delicadeza.

Cecilia bajó la mirada.

—No. Sí le lancé la arena a propósito. Estaba enojada porque él empezó a cavar junto al foso de mi castillo y se derrumbó. ¡Lo siento, mamá! No quería decir la verdad y meterme en problemas.

—Ceci, tú le perteneces a Jesús, ¿verdad?

Cecilia puso una gran sonrisa.

—¡Sí, claro que sí!

—¿Recuerdas esos versículos en Colosenses que memorizaste hace unas semanas?

—¿Los que hablaban de no mentir porque hemos sido hechos nuevos en Jesús?

Mamá asintió.

—Ya que le pertenecemos a Jesús, nos hemos quitado nuestra vieja naturaleza, tal como nos quitaremos nuestra ropa sucia de arena más tarde. No te pondrás la misma ropa mugrienta mañana, ¿o sí?

Cecilia arrugó su nariz.

—¡No! ¡Me pondré ropa nueva! —ella suspiró—. Ya veo qué es lo que me quieres decir, mamá. No soy la misma persona que era antes. Ahora le pertenezco a Jesús, así que tengo que ponerme la nueva vida que Él me ha dado y confiar en que el Señor me ayudará a ser más como Él.

Su madre sonrió.

—¡Exactamente! Ahora, ¿no crees que deberías ir a pedirle perdón a tu hermano?

Cecilia se levantó de un brinco.

—¡Sí! Y la próxima vez que quiera decir una mentira, recordaré que debo ponerme la verdad de Dios en lugar de eso. ¡No me gusta la ropa sucia!

Savannah Coleman

PONTE TU NUEVA VIDA

VERSÍCULO CLAVE: Colosenses 3:9-10

DEJEN DE MENTIRSE LOS UNOS A LOS OTROS, PUESTO QUE HAN DESECHADO AL VIEJO HOMBRE CON SUS MALOS HÁBITOS, Y SE HAN VESTIDO DEL NUEVO HOMBRE, EL CUAL SE VA RENOVANDO.

¿Le perteneces a Jesús? Si la respuesta es sí, Él ha perdonado tu pecado y te ha hecho una nueva persona. Eso significa que es hora de quitarte tus viejos hábitos pecaminosos y ponerte la nueva vida que Él te ha dado. A veces sentirás todavía ese impulso de mentir o hacer otras cosas malas, pero ya no tienes que hacerlas. Más bien, abraza lo que ahora eres en Jesús al decir la verdad y hacer lo que es correcto.

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