El jardín

—¡Odio no tener dinero para hacer cosas! —se quejó Donaldo cuando vio a su mamá en el jardín. Era su último día de clases, un día que había esperado con ansias, pero el niño llegó a casa haciendo pucheros.

Él se sentó junto a su madre, refunfuñando.

—Me encanta el verano, pero detesto oír de todas las cosas geniales que mis amigos van a hacer. Uno de ellos incluso irá a Japón, ¡y su habitación en el hotel tiene un tobogán! Antes de que me preguntaran lo que iba a hacer, corrí para venir a la casa. ¡Me sentí como todo un perdedor!

Mamá siguió quitando las malas hierbas y, de repente, tomó el brazo de Donaldo. Ella se veía muy pálida.

—¡Mamá! ¿Estás bien? —preguntó el niño, alarmado.

—Solo estoy un poquito mareada —susurró, frotándose el vientre. Ella estaba embarazada y necesitaba inyecciones diarias para proteger al bebé. Después de un momento, ella sonrió y el color regresó a su rostro.

—¿Cómo puedes estar tan feliz? ¡Estás enferma todos los días! —exclamó Donaldo.

Mamá hizo un gesto, apuntando a todo lo que le rodeaba.

—¿Qué ves en mi jardín?

—¡Malas hierbas! —balbuceó Donaldo, notando cómo la maleza brotaba por todos lados—. ¡Son tan irritantes!

—¿Ves algo más, aparte de las hierbas malas?

—Veo… eh… flores. ¡Oh, están floreciendo!

Donaldo pasaba por el jardín todos los días, pero no había notado las coloridas flores.

—Es como la vida —explicó mamá—. Cuando nos enfocamos solo en las malas hierbas, perdemos de vista las otras cosas hermosas que nos rodean —ella se frotó su enorme vientre—. Es lo mismo con mi embarazo. Si me enfoco en la incomodidad, perderé de vista el milagro que está creciendo en mi interior —ella le dio unas palmaditas en el pecho a su hijo—. Nuestro corazón es como un jardín, Donaldo. Si cuentas las bendiciones que tienes en Jesús, tu corazón estará lleno de flores. Él te salvó del pecado y te ha dado vida eterna, y Él te muestra Su amor de tantas maneras cada día. Por causa de Jesús, puedes regocijarte y, cuando eso pasa, te sorprenderás al ver que eres feliz también por otros y por sus triunfos. Pero si solo te enfocas en lo que ellos tienen que tú no, entonces la envidia ahogará cualquier felicidad que pueda haber en tu corazón.

Donaldo se quedó pensando en silencio. Finalmente, se volvió a su madre y sonrió:

—¡Tal vez te ayude a quitar las malas hierbas del jardín este verano! Quitaré las cosas feas, ¡y haré que este jardín sea cada vez mejor!

Mamá rio.

—¡Esa es la actitud!

Kristin Lim

CUENTA TUS BENDICIONES Y REGOCÍJATE

VERSÍCULO CLAVE: Proverbios 17:22

EL CORAZÓN ALEGRE ES BUENA MEDICINA, PERO EL ESPÍRITU QUEBRANTADO SECA LOS HUESOS.

¿Te comparas con tus amigos y sientes que a ellos les va mejor? Quizá tengan los mejores juguetes o vayan a viajes emocionantes mientras tú te quedas en casa. No dejes que le envidia envenene tu corazón. Enfócate en los dones que Dios te ha dado. El mayor don de Dios es Jesús, quien murió por nosotros para que podamos tener vida eterna. ¡Ningún tesoro terrenal puede compararse con Él!

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