Curita para el corazón
—Papá, mira este lastimado en mi brazo —Cosme se levantó la manga para exponer un corte que sangraba en su antebrazo.
—¿Ahí es donde te quemaste en la fogata? —le preguntó su padre—. Está empeorando. Veamos si el doctor Padilla puede revisarlo.
Mientras papá llamaba a la clínica, Cosme se rascó el brazo. Cuando su padre cerró el teléfono, le dijo:
—Alguien canceló su cita. Si nos apuramos, podemos ver al doctor —mientras manejaba, el padre indicó—: Espero que puedan hacer algo para que puedas ir hoy en la noche a tu grupo de la iglesia.
—No quiero ir. Quizá me encuentre con Braulio y esto es su culpa. Le dije que dejara de empujarme junto al fuego. Pero él no dejó de hacerlo y me quemé.
—Lo que él hizo fue malo, hijo, pero dejar de ir a la iglesia para alejarte de Él solo hará que las cosas empeoren. Jesús dice que, si alguien peca contra ti, se supone que debes decirle, y si te pide que lo perdones, lo haces porque Jesús te perdonó.
—Se lo dije, pero él solo se rio. Nuestro líder de jóvenes conversó con él. Si Braulio me pidiera perdón ahora, me reiría de él.
Papá se estacionó en la clínica.
—¿Te parece que tu brazo se ve bien, hijo?
—No, se ve horrible.
—Así exactamente se ve un corazón que no perdona delante de Dios: sangrante, con pus, apestoso y sin poder sanar. Cuando guardas resentimiento contra una persona, es como volver a abrir la herida cada vez que pienses en ella. Le dijiste a Braulio que hizo algo malo, ese es el primer paso que dice la Biblia que debes dar. Ahora necesitas confiar en Jesús para que te ayude a perdonar. Recuerda que Él pagó por todos tus pecados y te perdona por completo cada vez que haces algo malo —su padre abrió la puerta del automóvil—. Vayamos o perderemos la cita.
El doctor Padilla limpió y vendó la herida. Luego le dijo a Cosme que volviera después de una semana.
En el camino de regreso a casa, papá comentó:
—Veo que esa venda está protegiendo tu herida. Ya no te la estás rascando.
—Me siento mejor. Y me siento mejor con la idea de perdonar a Braulio. Oré por eso en la clínica y, en lugar de imaginar cómo desquitarme con él, estoy listo para perdonar.
Laura Roesler
DESHAZTE DE LA AMARGURA
VERSÍCULO CLAVE: Efesios 4:32
SEAN MÁS BIEN AMABLES UNOS CON OTROS, MISERICORDIOSOS, PERDONÁNDOSE UNOS A OTROS, ASÍ COMO TAMBIÉN DIOS LOS PERDONÓ EN CRISTO.
¿Hay alguien que te ha ofendido y no te quiere pedir perdón? ¿Sientes amargura por eso? ¿Planeas aferrarte al resentimiento y nunca perdonarle a esa persona? No debes que la amargura te infecte como una herida que no quiere sanar en tu corazón. Recuerda cuánto Jesús te ha perdonado y confía en que Él te ayudará a estar siempre dispuesto a perdonar.

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