La patineta rayada
—¡No fue mi intención dañar tu superespecial patineta, Guido! —le dijo Jared a su hermano—. ¡No tienes por qué enojarte tanto!
—¡Te dije que no la tocaras! —gritó Guido.
—Bueno, una patineta es para saltar, subir a los pasamanos y cosas así —opinó Jared—. Lo único que haces es pasear por la calle con ella. ¿Por qué no la pruebas con esta rampa que construí?
En ese momento, su padre entró al garaje.
—¡Papá! —exclamó Guido—. Jared rayó mi patineta nueva. Le dije que no la usara en la rampa, pero lo hizo de todos modos, ¡y ahora es un desastre!
—No lo pude evitar, Guido… no me caí a propósito —Jared apuntó su pecho—. Además, mira lo que le pasó a mi camiseta cuando me caí de la patineta. ¡Está llena de manchas de pasto!
Papá examinó la patineta.
—Guido, ¿qué te parece si tomas algunos de esos adhesivos que has estado coleccionando y los pegas en tu patineta? Van a cubrir la mayoría de los rayones, ¡y la patineta quedará genial! Si quieres te ayudo, ¿está bien —Guido asintió; se veía aliviado. Entonces el padre se volvió a Jared—. ¿Quieres un poco de pintura blanca para cubrir las manchas de tu camiseta?
—¿Pintura? —Jared negó con la cabeza—. ¡Por supuesto que no! Estas manchas solo salen cuando las lavas, no cuando las cubres.
—Estoy de acuerdo —afirmó papá—. ¿Sabías que tampoco deberías cubrir las cosas malas que haces? No debiste haber usado la patineta de tu hermano cuando te dijo que no lo hicieras, pero, en lugar de aceptar tu responsabilidad y pedir perdón por rayarla, inventaste excusas. Incluso te quejaste de lo que tu hazaña le hizo a tu camiseta. Estabas tratando de cubrir la acción mala que cometiste, ¿verdad?
Jared se quedó en silencio por un momento.
—Supongo que sí —admitió al fin—. Lo siento, Guido.
—Cuando hacemos algo malo, debemos confesarle nuestro pecado a Jesús —explicó el padre—. Y si nuestra ofensa hizo daño a otra persona, tenemos que decirle que lo sentimos y pedir perdón —papá dio unas palmaditas en el hombro de su hijo—. Haremos lo posible por arreglar esa camiseta, pero puede que nunca vuelva a ser la misma. Sin embargo, cuando confesamos nuestro pecado, Jesús está listo y dispuesto para perdonarnos y lavarnos por completo.
Lyndel F. Walker
ACEPTA TU RESPONSABILIDAD POR TUS ACCIONES
VERSÍCULO CLAVE: Salmo 51:2-3 (PDT)
LAVA TODAS MIS CULPAS Y LÍMPIAME DE MI PECADO. RECONOZCO QUE HE SIDO REBELDE.
Cuando haces algo malo, ¿aceptas tu responsabilidad? ¿O buscas culpar a otros? Aprende a decir: «Fue mi culpa, lo siento». Admite cuando hayas hecho algo malo, y pídele a Dios y a las personas que te perdonen. Eso es mucho mejor que inventar excusas o culpar a otros por lo que hiciste. Jesús siempre te perdona, y si en verdad te arrepientes, las personas usualmente también lo harán.