Sin vergüenza
Celso estaba sentado en el patio, clavando un palo puntiagudo en la tierra lodosa de primavera, cuando su abuelo se sentó junto a él.
—Hola, hijo. Has estado muy callado desde que tus padres te dejaron aquí para llevarle a tu hermanito al hospital. ¿Hay algo de lo que quieras hablar? —le preguntó el anciano.
Celso hundió con más fuerza el palo en la tierra, salpicando lodo en sus pies.
—Todo fue mi culpa. Fue mi idea hacer la carrera con nuestras bicis en la bajada de la colina. Y yo me burlaba de él porque no quería ir más rápido. No se hubiera roto el brazo si yo hubiera sido por mí —el niño se apoyó en el brazo de su abuelo y lloró—. Siempre estoy haciendo cosas así, me burlo de él y lo obligo a hacer cosas que yo no debería hacerlas. ¡Soy una persona horrible! —Celso escondió su cara en el pecho de su abuelo y dejó que sus lágrimas cayeran libremente.
El anciano puso su brazo alrededor de los pequeños hombros de su nieto.
—Hijo, sé que te sientes mal, pero eso no significa que seas malo.
Celso levantó la mirada y miró a su abuelo.
—¿A qué te refieres?
—Cuando tomamos malas decisiones, sabemos que es pecado y que necesitamos perdón. Pero también debemos tener cuidado de no permitir que la vergüenza se escabulla y nos diga que somos malos. Mira ese palo que sostienes. Está cubierto de lodo, pero sigue siendo un palo, ¿verdad?
—Bueno, sí, por supuesto.
—La vergüenza trata de convencerle al palo que solo es lodo, pero no lo es. Solo necesita que alguien le limpie ese lodo.
—Entonces, si soy como el palo, ¿solo necesito alguien que lave mi lodo? —una sonrisa se dibujó en la cara de Celso—. Te refieres a Jesús, ¿verdad?
—Correcto —dijo el abuelo—. Jesús tomó la culpa y la vergüenza de nuestro pecado sobre Sí mismo cuando murió en la cruz. Él nos lava, nos deja limpios y nos reconcilia con Dios. Debido a que confías en Jesús, esa es tu verdadera identidad: un hijo de Dios cuyos pecados han sido lavados. La vergüenza no tiene lugar en tu vida. Cuando te sientas mal por algo, confiésale tu pecado a Jesús y Él te perdonará. Jesús murió para tomar tu vergüenza y quitarla de ti, para que puedas disfrutar una nueva vida con Él.
Tannis Oliveri
JESÚS TOMÓ TU VERGÜENZA
VERSÍCULO CLAVE: 1 Corintios 6:11
PERO FUERON LAVADOS, PERO FUERON SANTIFICADOS, PERO FUERON JUSTIFICADOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESUCRISTO Y EN EL ESPÍRITU DE NUESTRO DIOS.
¿Te sientes mal por algo que hiciste? ¿Está pegado a tu corazón como lodo, haciendo que te sientas sucio? Deja que Jesús lave el lodo pegajoso de la vergüenza y te recuerde quién realmente eres. Una vez que lo conozcas como tu Salvador, el pecado y la vergüenza ya no tienen poder sobre ti. Confiésale a Jesús lo que hiciste, porque sabes que Él siempre te perdonará.