Un pequeño fuego

Juliana se detuvo en medio del sendero en la montaña y su amiga, Olivia, se chocó con ella.

—¡Oye! —exclamó Olivia—.  ¿Por qué paraste?

Juliana apuntó a una colina al otro lado del valle.

—Mamá dijo que llegaríamos a un lugar en el que se podía ver dónde hubo un incendio…  ¡y ahí está!

—¡Guau! —expresó Olivia mientras las muchachas miraban fijamente los restos chamuscados.  Cuando avanzaron, ella se dirigió a Juliana—.  ¿Sabías que Beto hizo trampa en un examen y tal vez lo expulsen de la escuela?

—Sí.  Él dice que no copió, pero ¿quién puede creerle?  ¿Y qué me dices de Omar?  María piensa que él se robó dinero de su escritorio.  También deberían expulsarlo.

—¿Quieren un poco de agua? —las niñas voltearon y vieron a la madre de Juliana que venía para acompañarlas.  Ella sostenía una cantimplora y se sentó en un tronco para descansar.

—¿Qué causó el incendio forestal, mamá? —preguntó Juliana mientras apuntaba nuevamente la colina quemada—.  Sin duda destruyó muchos árboles, ¿cierto?

—En los noticieros dijeron que comenzó con la pequeña fogata de alguien que estaba acampando —contestó su madre—.  Cuando el clima está seco, una sola chispa puede crear un fuego que rápidamente se sale de control —ella bebió un sorbo de su cantimplora—.  ¿Sabían que la Biblia dice que la lengua es un fuego?  Las cosas que decimos pueden tener el mismo efecto que esa pequeña fogata.  Nuestras palabras no pueden destruir árboles, pero sí pueden arruinar amistades y dañar vidas.  Cuando decimos cosas desagradables, podemos herir los sentimientos de otras personas y devastar sus reputaciones.

—Pero está bien decir cosas que sabemos que son ciertas, ¿verdad? —preguntó Olivia.

—No necesariamente —opinó mamá—.  Aunque a veces puede que exista una buena razón para contárselo a alguien, es importante que meditemos en la intención que tenemos al contarlo.  ¿Estamos repitiendo esa información porque queremos ayudar a esa persona o hacerle daño? —la madre apuntó a la colina—.  Como una chispa diminuta, un pequeño chisme puede propagarse y provocar mucho daño.  Además, tener una lengua de fuego no encaja con nuestra identidad como cristianas.  Jesús nos salvó y nos llenó de Su amor, para que podamos edificarnos unos a otros con nuestras palabras, como Él no hace, no devastar a los demás.

Olivia sostuvo en alto su celular.

—Voy a tomar una fotografía para recordar lo que puede hacer un pequeño fuego… o un pequeño chisme.  —  LOVELLA DAOUST

NO PARTICIPES DE CHISMES

VERSÍCULO CLAVE: PROVERBIOS 26:20

POR FALTA DE LEÑA SE APAGA EL FUEGO, Y DONDE NO HAY CHISMOSO, SE CALMA LA DISCUSIÓN.

¿Alguna vez has propagado chismes de otras personas?  ¿Alguien ha dicho chismes sobre ti?  Es muy hiriente y puede ser muy dañino, ¿verdad?  Esa no es la manera que Jesús nos pide que tratemos a los demás. No provoques incendios por medio de los chismes.  Más bien, utiliza tus palabras para llevar a otras personas a Jesús y a Su amor.

Clave de Hoy
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