Solo es una broma

—¿Qué pasa, Simón? —preguntó Miqueas mientras los niños caminaban a su casa, después de la escuela.

—No quiero hablar de eso —contestó Simón con mala cara—. Solo te vas a reír.

—No me voy a reír. Somos amigos. A ver, Simón, cuéntame qué te está molestando.

—Bueno… —Simón respiró profundamente—. Unos chicos se enteraron de que mi segundo nombre es Tomás, lo que significa que mis iniciales son S y T. Como Sto. es la abreviatura para «santo» y mi apellido es Bernardo, todos comenzaron a llamarme San Bernardo… ¡como si yo fuera uno de esos perros grandotes San Bernardo! Hasta me ladraron y todo.

Miqueas trató de no sonreír.

—No dejes que eso te afecte… trata de olvidarlo —sin embargo, al pesarlo, no pudo resistir la tentación de hacer una broma—. ¡Espera a que les contemos a todos que yo soy el que pasea al perro después de la escuela todos los días!

Simón miró fijamente a Miqueas. No lo podía creer.

—¡Me dijiste que no te ibas a reír y confié en ti! —dijo enojado y se puso a correr para llegar más rápido a su casa.

—¡Oye, solo era una broma! —gritó Miqueas detrás de él—. ¡Tú sabes que no les diría eso!

Pero Simón se había ido.

Por varios días, Simón no quiso regresar a su casa con Miqueas. Ni siquiera quería hablar con él.

«Solo está siendo terco», pensó Miqueas, pero la situación realmente lo molestaba.

Una mañana, cuando leía el pasaje bíblico que iba con la lección de su libro deovocional, se encontró con estos versículos: «Como loco que dispara mortíferas flechas encendidas, es quien engaña a su amigo y explica: “¡Tan solo estaba bromeando!”».

«Oh, no», pensó Miqueas. «Esto se parece mucho a la forma en que traté a Simón». El niño suspiró. «Realmente herí sus sentimientos al hacer esa broma, especialmente porque le dije que podía confiar en mí». Él abrió su Biblia en un pasaje en Efesios que había leído unos días antes. «Estos versículos dicen que debemos seguir el ejemplo de Jesús y amar a otros porque Él nos amó tanto que se sacrificó para salvarnos. Pero yo no le demostré amor a Simón. Tengo que pedirle que me perdone». Así que Miqueas bajó a la cocina, desayunó rápidamente y tomó sus libros.

—¿Por qué vas tan apurado? —preguntó su madre cuando él pasó volando junto a ella.

—Dios me recordó que tengo algo importante que hacer —respondió Miqueas—. Te explico después.

Entonces se fue corriendo a la casa de Simón.

SARA L. NELSON

NO HAGAS DAÑO A OTROS CON BROMAS

VERSÍCULO CLAVE: PROVERBIOS 26:18-19 (NVI)

COMO LOCO QUE DISPARA MORTÍFERAS FLECHAS ENCENDIDAS, ES QUIEN ENGAÑA A SU AMIGO Y EXPLICA: «¡TAN SOLO ESTABA BROMEANDO!».

¿A veces haces bromas a los otros niños con cosas que les molestan? Cuando sientas la tentación de burlarte, recuerda el versículo clave de hoy. Hacer bromas no está bien cuando hieres a los demás. La Biblia dice que debemos imitar a Jesús, que nos ama tanto que murió por nuestros pecados. Confía en que el Señor te ayudará a ser bondadoso, amable y digno de confianza, como Él. Y si has herido a alguien con una broma que le hiciste, pídele que te perdone.

Clave de Hoy
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